4 dic. 2012

El compromiso real

Pese a los grandes avances de la ciencia, ante la angustia emocional o existencial no existe un paliativo verdaderamente eficaz. Los que han optado por la medicación muchas veces advierten que el efecto anestesiante no resulta en un desahogo efectivo de la libido. Esto es: adormecen a la bestia, pero no dialogan con ella ni la interrogan sobre el sentido de su presencia.

Cualquier explicación que uno se pueda dar dentro de su propio sufrimiento suele generar más y más sufrimiento pues se piensa dentro de la creencia generada por el propio mito personal, que sostiene este sufrimiento y para el cual el sufrimiento existe. La única solución es aprender a desconfiar, poner en remojo nuestras convicciones, para que poco a poco podamos desprendernos de él, como una piel de serpiente, en el sentido de que ya no sea más necesario pues ha sido atendido y comprendido. El camino para llegar a esto es harto oscuro (depresión, tristeza, melancolía...). Pero uno se imagina este "camino oscuro" como una situación ante la cual yo realizo una acción visiblemente heroica, en un movimiento hacia afuera que reivindica mi convicción interior. Pero eso es caer en el mismo error, pues la batalla no se realiza fuera sino adentro. Si lo pensamos veremos que la palabra "oscuro" nos remite a algo oculto, que acontece entre las sombras, que no es visible, y por lo tanto, a una experiencia íntima, donde además, estamos solos. Sí, la auténtica batalla se desarrolla en la más austera soledad, o sea, en los pensamientos privados que ocupan nuestra mente y a los que damos legitimidad cuando bajamos la guardia. En el caso de la dependencia los percibimos como voces de queja, de rabia, de desconfianza, de justificación, de excusa, que nos invaden desautorizando un auténtico gesto de confianza hacia lo que podría haber más allá, o sea, la auténtica salida de lo "oscuro".

En el caso de la adicción a las relaciones, la falta de compromiso de la persona a quién amamos y que no nos corresponde, y que por tanto nos hace sufrir, no sería sino nuestro propio reflejo de una falta de compromiso real con nosotras mismas. El grupo de apoyo, como en una relación terapéutica, asume un papel de transferencia en el cual cada una se proyecta y ya no se trata más del grupo sino de ti. Entonces una escribe al grupo, asiste al grupo, se entusiasma con el grupo, se compromete con el grupo, y tras este primer paso en el que obtiene el subidón por la ficción de una conquista personal, viene el desencanto y, en el momento de la verdad, emerge la falta de un compromiso real, que es precisamente el punto de partida del trabajo a realizar y el objetivo único del grupo. Es justamente al reconocer que, en la acción, hacemos con el grupo aquello que, en la palabra, nos quejamos de los demás, cuando toma sentido la función de pertenecer a tal, pero es desgraciadamente cuando se llega a este punto crucial que muchas personas (se) abandonan.

Voy a explicar a continuación la experiencia personal que me llevó a hacer esta reflexión:
El fin de semana pasado, el sábado, la misma tarde de la reunión, yo había recibido una llamada personal que me dejó muy trastornado. Entonces cuando me preparaba para irme me encontré con mensajes de chicas que en el último momento habían decidido no asistir al encuentro. En ese momento fue cuando se libró la batalla en mi interior, y perdí. Me doblegué ante las voces de las que hablaba antes: "¿No ves que les da igual el grupo? Es una tontería lo que estás haciendo, cada una va a lo suyo, lo mejor es que pases de todo tú también y te quedes en casa cuidándote, qué bastante tienes con lo tuyo ¡qué se busquen la vida!". Así que por mi lado escribí un mensaje a las restantes para decirles que íbamos a estar solos (mentí) y que había decidido posponer la reunión (todo esto ¡una hora antes de su celebración!). Me daba igual todo, pues yo había decidido que daba igual. Pero de repente empezó a sonar mi móvil: Eran las chicas a las que había escrito, sorprendidas porque una se estaba preparando para salir, y la otra... ¡¡ya estaba ahí!! Le repetí mis excusas y finalmente me dijo: "Bueno, no te preocupes... no importa". Y es entonces cuando me di cuenta del error que estaba cometiendo, y le (me) dije: "¡Sí importa!". Todo, absolutamente todo el trabajo que había hecho en este grupo y en este blog no tenían el más mínimo sentido si ante esta prueba clave le daba la espalda y reconocía que lo que me pasa no es tan importante y no importa. Así que, vestido como iba, cogí la bici y bajé rodando hacia nuestro punto de encuentro.

Fue una reunión muy especial, porque me sentí francamente sostenido por las mujeres que ahí estaban. Me di cuenta de que yo no era tan importante, sino la voluntad que (no la mía, sino a través de nosotras) se estaba mostrando. Esto me recuerda el caso del efecto Madre Teresa de Calcuta: En la facultad de medicina de Harvard, el doctor David McClelland estaba estudiando el impacto que el amor tiene en la salud física. Para ello a estudiantes universitarios se les midió los niveles de inmunidad antes y después de ver un corto. El film mostraba imágenes de la Madre Teresa y sus misioneros de la caridad satisfaciendo las necesidades de personas pobres y necesitadas. Después de verlo los niveles de inmunidad habían aumentado significativamente en todos los estudiantes de la prueba, incluso en aquellos que informaron de sentimientos negativos hacia la Madre Teresa, considerando que era demasiado religiosa. Los detractores que se quejaban de que podría haber sido menos conservadora y más vanguardista, se dieron cuenta de que había fuerza en sus acciones, pues ella no hablaba de ello, lo hacía.

En el grupo lo más importante no es lo que uno dice, ni siquiera tener algo que decir, ni como te vas a presentar ni nada de esto, sino cumplir con el compromiso, pues ya no se trata del compromiso con el grupo, sino del compromiso contigo misma. Es cierto, aunque ese día no hubiera venido absolutamente nadie y sólo hubiera estado yo, el hecho de asistir y cumplir con mi compromiso, reconocer su importancia, decirme, no con palabras sino con hechos, "sí, tu recuperación es necesaria, mereces estar bien, aquí tienes a alguien (tú mismo) que te está mostrando que quiere que así sea", es lo más valioso (ver vídeo, un fragmento de la película "Angel-A" de Luc Besson).



Aquí, y solamente aquí, reside la auténtica fuerza, la fuerza que sólo aparece cuanto la tuya, tu pequeña e inconstante voluntad, que quiere lo que quiere, pero que rara vez quiere lo que se quiere en ti, se echa a un lado. Esta fuerza que te sostiene sin necesidad de tus aspavientos, pues no necesita de tu esfuerzo para ser sostenida, pues ella misma, sin necesidad de nada, se mantiene en pie, pues ella es LA verdad, son los hechos. ¿Qué miedo ante algo así, verdad? Porque ya aquí el ego y la ficción personal no tienen nada que hacer.

Para terminar, quisiera invitaros a la reflexión a través de este extracto de "Four Quartets", del poeta anglo-estadounidense T.S. Eliot:

"Para llegar desde donde no estás, tienes que ir por un camino donde no hay éxtasis. 
Para llegar a lo que no sabes tienes que ir por un camino que es el camino de la ignorancia. 
Para poseer lo que no posees tienes que ir por le camino del desposeimiento. 
Para llegar a lo que no eres tienes que ir por el camino en que no eres."

© Sergi Ferré Balagué

12 nov. 2012

Lo que siento ¿es real?

"Muchas gracias, Sergi, por este texto del "Mosaico de la Misericordia", me inspira mucho y para mí que tengo la tendencia a querer ayudar me da una lección y me ayuda. Miro a fuera, al otro, intento aconsejar y me olvido de mí. Y es que ahora me propongo poder hacer cosas como por ejemplo leer un libro, dibujar, hacer deporte.....cosas en las que lo importante no es el otro sino yo y como puedo entregarme a algo y disfrutarlo sin sentir ese vacío que debo llenar a través de otro. Quiero centrarme, aprender a estar conmigo misma, mimarme, tener vida propia. Curiosamente es entonces cuando los demás empiezan a respetarme y cuando me convierto en alguien interesante para el otro... al dejar de buscarlo." (Anónimo)

Si no siento lo que siento no existo, no soy nada ni nadie

Tú última frase "dejar de buscarlo" no necesariamente te lleva a tener una vida de anuncio "para el otro", dónde "empiezan a respetarme y (...) me convierto en alguien interesante", sino que si realmente es para "aprender a estar conmigo misma" te va a llevar a encontrarte precisamente con lo que rehuyes del texto, o sea, con lo que hay en ti, y por lo tanto a "(...) sentir ese vacío".

¿Por qué consideras que "ese vacío" está mal y no debería ser? ¿No eres tú (la misma que quiere "aprender a estar conmigo misma") la que "siente el vacío"? ¿Negar ser al vacío, no es negarte a ti misma una parte importante en el proceso de "centrarte"? ¿Qué es lo que te hace sufrir, el vacío en sí o la sentencia de que no debería estar ahí? ¿No lo sientes dentro de ti, no habita en tu interior, no te conmueve profundamente, no es verdad que existe... porqué entonces condenarlo? ¿Quién es el juez?

En el vacío uno se encuentra con lo que no es, desde donde no está, con lo que no tiene y con lo que no sabe ¡¡Qué mejor manera que relacionarte de verdad con lo "otro"!! Con el otro de verdad, con el que no te imaginas, y no con ese "otro" que es una proyección de uno mismo frente al cual se debe dar la talla. No se trata de hacerlo por ti, por tu ego, sino por lo que hay en ti, pues de otro modo siempre será una amarga victoria. Huyendo de la soledad te encuentras inevitablemente con lo que más temes.

Lo que sientes es real y ninguna determinación va cambiar esto. No es cuestión de abandonarse sino de encontrarse en lo que ya hay.

13 abr. 2012

Atracción fatal: La demonización del enfermo

Alex Forrest, una mujer que ama demasiado
"Atracción fatal" es una película americana de 1987 dirigida por Adrian Lyne y protagonizada por Glenn Close, Michael Douglas y Anne Archer.

En ella Alex Forrest (Glenn Close) se ve irremediablemente atraída pro un hombre casado (Michael Douglas). Una y otra vez se asegura a sí misma que solo se trata de una aventura y que ella está en la línea de ejecutiva agresiva que es lo socialmente se espera de ella: Sexo por diversión, relaciones kleenex y hasta nunca. Pero llegado el momento de la separación se ve totalmente incapaz de renunciar a la relación. Se ha enganchado. Todos sus intentos desesperados para que él se apiade de ella y no la abandone (intento de suicidio, amenazas, secuestro del hijo, incluso intento de asesinado) fracasan, y finalmente acaba muerta en la bañera.

Siempre que la he visto me he sentido muy identificado y conmovido por con la angustia y desesperación que vive el personaje de Alex. Aun así en Estados Unidos sólo tubo impacto por cuestionar la fidelidad conyugal y no porque mostrara abiertamente el drama de las personas adictas a las relaciones, que aun viviendo una agonía infernal sufren del rechazo y la marginación social (por mostrar con su enfermedad el fallo en el sistema familiar) y no tienen a quien recurrir. Trágico.

8 abr. 2012

Maltrato en la infancia: La trampa emocional

Transcripción del capítulo "Cómo salir de la trampa" del libro "El saber proscrito" (1988) de Alice Miller.

Joven mendigo (1650) pintura óleo de Murillo
Repetidamente leemos en la prensa que, como demuestran ya las estadísticas, la mayoría de personas que maltratan a sus hijos fueron también maltratadas durante su propia infancia. Esa información no es del todo exacta, pues no se trata de "la mayoría", sino de todas. Toda persona que maltrata a sus hijos fue, durante su propia infancia, gravemente traumatizada de algún modo. Esta afirmación no admite excepciones, porque es absolutamente imposible que una persona que haya crecido en un ambiente de sinceridad, respeto y afecto se halle jamás bajo el impulso de atormentar y dañar para toda la vida a otras más débiles. Ha visto desde siempre que es correcto brindar amparo y orientación a esos pequeños seres indefensos, y ese saber tempranamente archivado en su cuerpo y en su cerebro obrará sus efectos en él durante toda la vida. La afirmación formulada más arriba no admite excepciones, pese a que muchas personas apenas si son capaces de recordar nada de los tormentos de su infancia, porque aprendieron a considerarlos como justo castigo a su maldad, y porque el niño, para sobrevivir, está obligado a reprimir los sucesos dolorosos. Por eso los sociólogos, psicólogos y otros especialistas escriben sin cesar, a pesar de los nuevos descubrimientos, que se desconoce el origen de los malos tratos a la infancia, y se entregan a especulaciones acerca de la influencia de la escasez de espacio habitable, del desempleo o del miedo a la guerra nuclear.

Con semejantes explicaciones encubrimos los crímenes de nuestros padres. Pues el único motivo de los malos tratos a la infancia es la represión por parte de los padres de los malos tratos y de la confusión de los que ellos mismos fueron víctimas. Ni la más aguda escasez de espacio habitable, ni la mayor pobreza pueden jamás forzar a una persona a semejantes actos. Sólo quien fue en su día víctima de actos semejantes y los mantiene reprimidos corre el peligro de destruir a su vez vidas humanas.

"Queridísima mamá" (F. Perry, 1981) sobre maltratos a niños
Los llamados niños difíciles e "insoportables" son convertidos en tales por los adultos. No siempre por sus propios padres. Pues en muchas clínicas, las prácticas de obstetricia y de posparto contribuyen considerablemente a ello. Hay padres que consiguen mitigar esos traumas gracias a buenas dosis de cariñosa dedicación, porque los toman en serio y no niegan su peligrosidad. Pero los padres que mantienen reprimidos sus propios -y gravísimos- traumas, suelen minimizar, por pura ignorancia, el efecto de éstos en sus hijos, dando paso así, innecesariamente, a una nueva cadena de crueldades. Su insensibilidad hacia los sufrimientos del niño cuenta con el pleno respaldo de la sociedad, porque la mayoría de las personas, y eso incluye a los expertos, comparte con ellos esa ceguera.

El único recurso contra la propagación de una enfermedad es una información correcta y bien documentada acerca del agente patógeno. Los padres que maltratan a sus hijos necesitan informaciones claras; ellos mismos se dan cuenta vagamente de que algo no funciona bien cuando descargan su ira en el niño indefenso o lo utilizan para satisfacer sus apetencias sexuales. En vez de tomarse este asunto en serio, los expertos le dan vueltas innecesariamente, pues temen que los padres adquieran sentimientos de culpabilidad, algo que, en su errónea opinión, no debe suceder en ningún caso.

Esa creencia de que no debe culpabilizarse a los padres, sea lo que sea lo que hayan hecho, ha tenido consecuencias desastrosas. La realidad es muy distinta. Al engendrar a su hijo, los padres contraen el deber de cuidar de él, protegerlo, satisfacer sus necesidades y no maltratarlo. Si no cumplen con ese deber, quedan en deuda con el niño, del mismo modo que quedan en deuda con el banco al obtener un crédito de éste. La responsabilidad cae sobre sus espaldas, independientemente de que sean conscientes o no de las consecuencias de sus actos.

"Marianela" de B. Pérez Galdós
¿Tenemos derecho a traer un niño al mundo y olvidar nuestro deber? El niño no es un juguete, ni un gatito, sino un puñado de necesidades que necesita mucha dedicación para poder desarrollar sus potencialidades. Si no se está dispuesto a brindarle esa dedicación, no hay que traerlo al mundo. Esas palabras pueden sonar muy duras en los oídos de personas que jamás fueron objeto de esa dedicación y que por ello nunca han podido brindársela a sus hijos. Para aquellos que en su infancia recibieron protección y ternura, y que por ello no son niños desdichados, esas palabras no suenan duras. para ellos, son la cosa más evidente y trivial del mundo.

Pegar o humillar a un niño o abusar sexualmente de él es un crimen, porque significa dañar a una persona para toda la vida. Es importante que esta afirmación llegue también a conocimiento de personas no directamente implicadas, porque la claridad de ideas y el coraje de los testigos puede ser para el niño de una importancia decisiva y vital. Del hecho de que todo agresor haya sido anteriormente una víctima no se desprende que toda personas que haya sido maltratada tenga que acabar necesariamente maltratando a sus hijos. No tiene por qué ser obligatoriamente así, pues puede ser que ese individuo, en su infancia, tuviera ocasión de recibir de otra persona -aunque sólo fuera una vez- algo que no fuera educación y crueldad: un maestro, una tía, una vecina, una hermana, un hermano. Sólo la experiencia de ser querido y apreciado permite al niño identificar la crueldad como tal, percibirla y rebelarse contra ella. Sin esa experiencia le es imposible saber que en el mundo pueden existir otras cosas además de crueldad; sin esa experiencia, seguirá sometiéndose a la crueldad, y más tarde, cuando, ya de adulto, disfrute de poder, la ejercerá él también, como si fuera algo completamente normal.

Hitler dijo que, de niño, era azotado por su padre
Las personas que ayudaron a Hitler a llevar a cabo sus proyectos y a exterminar pueblos enteros debieron de experimientar, siendo niños, algo similar a lo que experimentó él: la constante presencia de la violencia. Por eso la actitud del Führer les parecía completamente natural. No la cuestionaban en absoluto porque, a todas luces, en sus infancias jamás apareció una sola persona, un solo testigo iniciado y de ideas claras que los pusiera bajo su protección. Un testigo semejante habría, según las circunstancias, ayudado a esos niños a salvar su capacidad de percepción y su carácter. Para reconocer la crueldad, rechazarla inequívocamente y evitársela a nuestros hijos, debemos ser al menos capaces de percibirla. Esos niños educados con severidad y crueldad no podían hacerlo, estaban obligados a dar las gracias por el trato que recibían de sus padres, a perdonárselo todo y a buscar en sí mismos las causas de los arrebatos paternos. No les estaba permitido en ningún caso poner en tela de juicio a sus padres.

¿Qué sucede cuando un niño que ha crecido rodeado de amor, protección y sinceridad es golpeado por una persona? Gritará, expresará su ira, y acabará llorando, mostrando su dolor y, posiblemente, preguntando: ¿Por qué me tratas así? Nada de todo eso es posible cuando el golpeado es un niño al que sus padres, a los que ama, han adiestrado desde buen principio en la obediencia. para sobrevivir no le queda más remedio que amordazar su dolor y su ira y reprimir mentalmente toda la situación. Pues para poder mostrar su ira, necesita la confianza y la experiencia de que no lo matarán por ello. Un niño golpeado no puede abandonarse a esa confianza; en efecto, ha habido niños que han pagado con su vida la osadía de sublevarse contra la injusticia. Así pues, el niño ha de amordazar su ira para poder sobrevivir en un ambiente hostil. También ha de tragarse el dolor, por enorme e insoportable que sea, si no quiere morir a consecuencia de él. Sobre todo el proceso, pues, se cierne el silencio del olvido, y se idealiza a los padres, hasta el punto de creer que jamás han cometido un error. "Y si me pegaban, sería porque me lo merecía". Esta es la versión más corriente de las torturas dejadas atrás(1).

El olvido y la represión serían una buena solución, si con eso estuviera todo arreglado. Pero los dolores reprimidos bloquean la vida sentimental y producen síntomas físicos.Y lo peor de todo: el adulto que fue un niño maltratado hace enmudecer los sentimientos que estarían justificados, es decir lo dirigidos contra los causantes de su dolor, pero los deja aflorar contra sus propios hijos. Es como si esas personas se pasasen decenas de años atrapados en una trampa de la que no hay salida posible, porque nuestra sociedad prohíbe la ira que se dirige contra los propios padres. Pero con el nacimiento de los hijos se abre una portezuela: por fin puede descargarse sin escrúpulos la rabia acumulada durante años; lo triste es que la víctima es un pequeño ser indefenso, al que esas personas se ven forzadas a atormentar, a menudo sin darse cuenta de ello, porque una fuerza desconocida les impulsa a tales actos.

Cristo sacrificado pro su propio padre en la cruz
El hecho de que muchos padres maltraten o descuiden a sus hijos del mismo modo en que sus padres lo hicieron con ellos -aunque, o especialmente cuando no recuerdan nada en absoluto de aquella época- demuestra que han asimilado en sus cuerpos sus traumas personales. Si no fuera así, no podrían reproducirlos. Lo hacen con una precisión asombrosa, que saldrá a la luz tan pronto como estén dispuestos a sentir su propio desamparo, en lugar de hacer víctimas de él a sus hijos y abusar de su poder.

¿Cómo puede una madre hallar por sí sola esa verdad, si la sociedad le dice de manera inequívoca: a los niños hay que disciplinarlos, socializarlos y educarlos para que sean personas decentes? ¿A quién le preocupa que el verdadero impulso del llamado "coraje educativo" sea la antigua y hasta ahora nunca vivida rabia contra la propia madre? Esa joven tampoco quiere saberlo. Piensa así: Tengo el deber de disciplinar a mi hijo, y lo hago de exactamente la misma o de parecida manera que lo hizo mi madre conmigo. Al fin y al cabo, ¿acaso no he llegado a ser yo también una persona como Dios manda? Concluí mi formación con buenas calificaciones, participo en tareas caritativas y en el movimiento pacifista, siempre me he alzado contra la injusticia. Sólo que no he podido evitar pegar a mis niños, aunque contra mi voluntad; pero no tenía más remedio. Espero que eso no les haya perjudicado, igual que a mí no me perjudicó.

Estamos tan acostumbrados a oír afirmaciones semejantes que a la mayoría de las personas no les llaman la atención. Pero empieza a haber personas aisladas a las que sí les llaman la atención, personas que se han decidido a cuestionar las palabras de los adultos desde la perspectiva de los niños, que al hacerlo descubren cosas y que no temen la claridad. Advierten que esa destrucción de vidas humanas no puede calificarse de "amor paternal ambivalente", sino que hay que reconocerla como lo que es: un crimen. No hay que quitarles hierro a los sentimientos de culpabilidad de los padres, sino tomarlos muy en serio. Esos sentimientos de culpabilidad son un indicio de que a los padres, en su día, les sucedió algo, y de que necesitan ayuda. Y los padres irán en busca de esa ayuda tan pronto como la hasta ahora única salida a la trampa, la que lamentablemente conduce a infligir malos tratos a la infancia, quede por fin cerrada por la ley. Cuando eso suceda, los padres tendrán que buscar otra salida: tendrán que pasar revista a su pasado, para poder salir sin culpa de la trampa emocional en la que se hallan.

Alice Miller (1923-2010) psicóloga (2)
Este proceso verdaderamente liberador sólo estará al alcance de los padres cuando el niño deje de hacer el papel de cabeza de turco legal. No es necesario castigar con penas de cárcel a un padre que maltrata a sus hijos. Resulta imaginable, por ejemplo, una sentencia judicial según la cual el padre haya de separase por unos meses de la familia, sin dejar de contribuir a su mantenimiento. Cuando el padre, hallándose de repente solo, se vea confrontado con los sentimientos de su infancia y entre en contacto con un testigo iniciado (quizás en la persona de un asistente social bien informado), que le ayude a dejar de reprimir la historia de su propia infancia, ese padre, a su regreso, correrá muy escaso peligro de volver a maltratar a sus hijos. Y sus hijos tendrán la importante e inolvidable vivencia de no estar haciéndose mayores en la selva, sino en una sociedad humana, que toma en serio y respeta su derecho a ser protegidos.

Una pena de prisión no puede operar una transformación interior. Pero los terapeutas que, bajo el lema "Ayudar en lugar de castigar", rehuyen la verdad, tampoco pueden contribuir en absoluto a cambiar la actitud de los padres. Llegan incluso a afirmar que una prohibición de los malos tratos a la infancia constituiría una nueva forma de violencia. Así, según ellos, no es necesario llamar por su nombre a los crímenes, siempre que se cometan en la persona de los propios hijos; de lo contrario, los padres se sentirían ofendidos y acabarían vengándose a costa de los niños. Esa es la opinión, prácticamente unánime, de los representantes del Colegio de Médicos y de la Asociación para la Protección de la Infancia.

Sin Embargo, están en un error, y sus argumentos no son más que expresión del miedo de los niños amenazados que fueron, deseosos de "estar a bien" con los padres y por ello dispuestos a callar y a no darse cuenta de nada. La realidad no les da la razón. En los países escandinavos, la ley obliga ya de manera firme a los médicos a denunciar los casos de malos tratos de los que tengan conocimiento, y gracias a esa ley la población ha comprendido que no se pueden pasar por alto los derechos de los niños. Por otra parte, la experiencia me ha enseñado que algunos padres reaccionan mejor a la verdad que a los intentos de suavizarla, y que una serie de informaciones correctas puede serles de provecho. Pues toda persona que se halla en una trampa busca una salida. Y estará contenta y agradecida de que se le muestre una salida que no le haga cargarse de culpa y no conduzca a la destrucción de sus propios hijos. Los padres, en la mayoría de los casos, no son unos monstruos a los que haya que aplacar con buenas palabras para que no chillen, sino, muy a menudo, niños desesperados que todavía no han aprendido a darse cuenta de las realidades y a hacerse cargo de su responsabilidad. Cuando eran pequeños no pudieron aprenderlo, porque sus padres tampoco conocían esa responsabilidad. La malentendían, tomándola por un derecho a abusar de su poder. Está en manos de los padres jóvenes el reconocer la inutilidad de tales "sabidurías", y el aprender de las experiencias que tienen con sus hijos. Pero ese novedoso proceso sólo podrá tener lugar cuando también la legislación reconozca inequívocamente que los malos tratos a la infancia causan daños para toda la vida, y que esos daños no se ven en absoluto lenificados por la ignorancia de los agresores. Sólo sacando a la luz toda la verdad en lo que afecta a todos los implicados se podrá hallar una solución verdaderamente efectiva de los peligros que implican los malos tratos a la infancia.

En el libro Untertan Kind de Carl-Heinz Mallet, muestra cómo los pedagogos, desde Martín Lutero, han inducido a los padres a disciplinar y castigar a sus hijos en nombre de Dios. La lectura de ese libro puede ayudar a los padres de hoy a comprender por qué se hallan en una trampa emocional, y el precio que han de pagar ellos mismos y sus hijos por la perpetuación de los valores educativos tradicionales. La consecuencia puede parecer paradójica, pero es correcta: la salida de esa trampa hasta ahora permitida por la ley, es decir, el disciplinamiento del niño, conduce al crimen, y el camino, hasta ahora prohibido, de la visión clara y la crítica a los propios padres redime de las culpas y conduce a la salvación de nuestros hijos. El libro de Mallet puede ser de gran ayuda para los padres que no conocen mis libros, y que constatarán en él por primera vez, con horror, todo el mal que se les hizo y que ellos, en su ceguera, habían venido perpetuando. Pero con ese horror empieza ya a abrirse la puerta por la que se sale de la compulsiva destrucción de la vida a la libertad y a la responsabilidad.

Notas:

(1) El lector puede leer un testimonio sobre maltratos en la infancia siguiendo este enlace, planteado gracias a la visión de Alice Miller.

(2) "Durante estos últimos años, Alice Miller ha desarrollado un concepto de terapia, que propone a las personas que sufren, confrontarse con su pasado para encontrar la angustia del niño maltratado que fueron, sentirla y así liberarse. Es el miedo infantil hacia los padres todopoderosos el que empuja al adulto a maltratar a los niños o a aceptar vivir con graves enfermedades, minimizando totalmente la crueldad de sus propios padres (...)". Extraído de un artículo en ocasión del fallecimiento de la autora. Para leer el artículo completo seguir este enlace.

31 mar. 2012

La dependencia emocional en el arte: Frida Kahlo

La artista mexicana Frida Khalo (1907-1954) estuvo durante toda su vida enganchada a un ciclo de amor-desamor con el también pintor Diego Ribera. Aunque éste incluso llegó a engañarla con su propia hermana pequeña, ella nunca consiguió deshacerse de la obsesión que sentía por él y murió siendo una mujer desesperadamente enamorada.

Los cuadros que siguen, autorretratos que se hizo al largo de su vida, reflejan este sufrimiento.

"Diego y yo" (1949). Su melena la asfixia mientras recuerda a su amado.
"Autorretrato con collar de espinas" (1940). Muerte, sufrimiento y soledad.

"Autorretrato con mono" (1940). La mano del simio parece una hoz que vaya a cortar su cuello.

Vestida de novia pensando en Diego Ribera, y como esto invadía todo su mundo.

"Pensando en la muerte" (1943). Rodeada de espinas.

"La máscara" (1945). Aquí la máscara muestra los sentimientos que el rostro real jamás revela.
"El venado herido". La artista da expresión a su esperanza frustrada.

23 mar. 2012

Dependencia emocional y adicción a las relaciones

Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si sólo sabe amar a los demás, no sabe amar en absoluto.
Erich Fromm, El arte de Amar

Monroe fue adicta a las relaciones
A continuación extractos a modo de resumen de los pasos para la recuperación de la adicción a las relaciones y la dependencia emocional, que Robin Norwood (1) desarrolla ampliamente en su libro "Las mujeres que aman demasiado" de 1985 (Dónde la autora escribe "mujeres" lo he sustituido por "personas", para que abarque todos los géneros, sexos y sexualidades). Los pasos son sencillos, pero no fáciles. Todos son igualmente importantes y aparecen en la lista en el orden cronológico más típico:

1. Busque ayuda

El primer paso en la búsqueda de ayuda puede implicar desde la consulta de un libro pertinente en la biblioteca (lo cual puede requerir una enorme cantidad de coraje; ¡una se siente como si todo el mundo estuviera mirando!) hasta concertar una cita con un terapeuta. Puede significar una llamada anónima a una línea de emergencia para hablar de lo que usted siempre se esforzó tanto por mantener en secreto, o ponerse en contacto con una agencia de su comunidad que se especialice en la clase de problemas que usted enfrenta, ya sea coalcoholismo, una historia de incesto, una pareja que la golpea, o lo que sea. Puede significar averiguar dónde se reúne un grupo de autoayuda y reunir el coraje para asistir, o tomar una clase a través de la educación para adultos, o ir a un centro de asesoramiento que se ocupe de su tipo de problemas. Incluso puede significar llamar a la policía. Básicamente, buscar ayuda significa hacer algo, dar el primer paso, extender la mano. Es muy importante entender que buscar ayuda no significa amenazar a su pareja con el hecho de que usted está pensando en hacerlo. Un movimiento así, por lo general, es un intento de chantajearlo para que se corrija de modo que usted no tenga que exponerlo públicamente como la pésima persona que es. Déjelo fuera del asunto. De otro modo, buscar ayuda (o amenazar con hacerlo) será apenas un intento más de manejarlo y controlarlo. Trate de recordar que está haciendo esto por usted.

2. Haga que su recuperación sea la primera prioridad en su vida

Hacer que su recuperación sea su primera prioridad significa decidir que, no importa lo que se requiera, usted está dispuesto/a a seguir esos pasos para ayudarse. Ahora bien, si eso le parece extremo, piense un momento hasta qué extremos estaría dispuesto a llegar para hacerlo cambiar a él, o para ayudarla a ella a recuperarse. Entonces desvíe la fuerza de esa energía hacia usted mismo/a. Aquí la fórmula mágica es que, si bien todo su trabajo y todos sus esfuerzos no pueden cambiarlo a él o a ella, usted sí puede, con el mismo gasto de energías, cambiarse a sí mismo/a. Entonces, use su poder donde pueda surtir efecto: ¡en su propia vida!

3. Busque un grupo de apoyo integrado por pares que la entiendan.

Encontrar un grupo de apoyo integrado por pares que comprendan puede requerir cierto esfuerzo. Si el grupo específico que mejor se adapta a sus necesidades no existe en su comunidad, busque un grupo de apoyo en el que las personas traten sus problemas de dependencia emocional con respecto a los hombres o mujeres, o inicie su propio grupo. En este enlace encontrará pautas para formar su propio grupo.

Un grupo de apoyo de pares no es una reunión no estructurada de personas que hablan de todas las cosas horribles que les han hecho los hombres o las mujeres, ni sobre las malas pasadas que les ha hecho la vida. Un grupo es un lugar donde trabajar para su propia recuperación. Es importante hablar de traumas pasados, pero si descubre que usted u otras personas relatan largas historias con muchos "él dijo... y entonces yo le dije...", es probable que esté en la senda equivocada, y quizá también en el grupo equivocado. La empatía sola no provocará la recuperación. Un buen grupo de apoyo se dedica a ayudar a mejorar a todos los que asisten e incluye a algunos miembros que han logrado cierto grado de recuperación y que pueden compartir con los recién llegados los principios por los cuales lo lograron.

4. Desarrolle su lado espiritual mediante la práctica diaria

Bueno, significa distintas cosas para las distintas personas. Para algunos de ustedes, la idea en sí resulta de inmediato repelente, y quizás usted se esté preguntando si puede saltar este paso. No quiere saber nada de ese asunto de "Dios". Para usted, tales creencias son inmaduras e ingenuas, y usted es demasiado sofisticada para tomarlas en serio.

Otras tal vez ya estén rezando con decisión a un Dios que no parece escucharlas. Les han dicho lo que está mal y lo que necesitan componer y aun así se sienten muy mal. O quizá han rezado tanto durante tanto tiempo sin obtener resultados visibles que se han enfadado, se han dado por vencidos, o se sienten traicionados y se preguntan qué cosa terrible han hecho para merecer ese castigo.
Tenga usted o no una creencia en Dios —y, si la tiene, hable con él o no—, igualmente puede practicar este paso. Desarrollar su espiritualidad puede significar en gran medida seguir el camino que usted elija. Aun cuando usted sea cien por ciento ateo, tal vez le produzca placer y solaz una caminata tranquila, o contemplar una puesta de sol o algún aspecto de la naturaleza. Este paso incluye cualquier cosa que la lleve más allá de sí mismo, hasta una perspectiva más amplia de las cosas. Averigüe qué es lo que le da paz y serenidad y dedique un poco de tiempo, al menos media hora diaria, a esa práctica. Por angustiantes que sean sus circunstancias, esta disciplina puede traerle alivio e incluso consuelo.

Desarrollar su espiritualidad, sea cual fuere su orientación religiosa, básicamente significa abandonar la obstinación, la decisión de hacer que las cosas sucedan como creemos que deben suceder. En cambio, usted debe aceptar el hecho de que quizá no sepa lo que es mejor en una situación dada para usted mismo o para otra persona. Es posible que haya resultados y soluciones que usted nunca tuvo en cuenta, o quizá los que usted más temió y trató de evitar sean exactamente lo que se necesita para que las cosas comiencen a mejorar. Obstinación significa creer que usted sola tiene todas las respuestas. Abandonar la obstinación significa estar dispuesto a permanecer quieto, a abrirse, y a esperar asesoramiento para usted mismo. Significa aprender a deshacerse del miedo (todos los "¿y si...?") y la desesperación (todos los "si tan sólo...") y reemplazarlos con declaraciones y pensamientos positivos sobre su vida (2).

5. Deje de manejar y controlar a los demás.
  Punto vinculado a La Luna (3)
Dejar de manejarlo y controlarlo significa no ayudarlo ni aconsejarlo. Supongamos que este otro adulto a quien usted está ayudando y aconsejando tiene tanta capacidad como usted para encontrar un empleo, un apartamento, un terapeuta, una reunión de Alcohólicos Anónimos, o cualquier otra cosa que necesite. Quizá no tenga tanta motivación como usted para encontrar esas cosas para sí mismo, o para solucionar sus propios problemas. Pero cuando usted trata de solucionarle sus problemas, él o ella queda liberado de su propia responsabilidad por su propia vida. Entonces usted queda a cargo del bienestar de él/ella, y cuando sus esfuerzos fallan, él/ella lo culpará a usted.

Permítame darle un ejemplo de cómo funciona esto. Con frecuencia recibo llamadas de esposas y novias que desean concertar una cita para su pareja. Yo siempre insisto en que sean los hombres quienes concierten la cita. Si la persona que se supone será el paciente no tiene suficiente motivación para elegir su propio terapeuta y concertar su propia cita, ¿cómo espera estar motivado para seguir en terapia y trabajar por su propia recuperación? Antes, en mi carrera de terapeuta, yo solía aceptar esas citas, pero después siempre recibía otra llamada de la esposa o novia para decirme que él había cambiado de idea respecto de consultar a alguien, o que no quería ver a una mujer terapeuta, o que quería ver a alguien con distintas credenciales. Entonces esas mujeres me preguntaban si podía recomendarles a otro profesional a quien pudieran llamar para concertar otra cita para él. Aprendí a no aceptar nunca citas concertadas por alguien que no fuera el paciente y a pedir a esas esposas y novias que vinieran a verme por ellas mismas.

No dirigirle ni controlarlo también significa salirse del rol de alentarlo y elogiarlo. Es probable que usted haya utilizado esos métodos para tratar de que él hiciera lo que usted quería, y eso significa que se han convertido en herramientas para manipularlo. El elogio y el aliento están muy cerca de la presión, y cuando usted hace eso nuevamente está tratando de controlar la vida de él. Piense por qué usted alaba algo que él ha hecho. ¿Lo hace para ayudar a elevar su amor propio? Eso es manipulación. ¿Lo hace para que él o ella continúe con la conducta que usted está elogiando? Eso es manipulación. ¿Lo hace para que él sepa lo orgulloso que está? Eso puede ser una carga pesada para él/ella. Deje que él/ella desarrolle su propio orgullo a partir de sus propios logros. De otro modo, se acercará peligrosamente a un rol de madre o padre para con él o ella. Él o ella no necesita otros padres (¡por malos que hayan sido los suyos!) y, lo que es más pertinente: usted no necesita que él o ella sea su hijo/a.

Significa dejar de observarlo/a. Preste menos atención a lo que él/ella está haciendo y más atención a su propia vida. A veces, cuando usted comience a abandonar estas conductas, su pareja "elevará su apuesta inicial", por así decirlo, para que usted siga observándolo y sintiéndose responsable por el resultado. De pronto, las cosas pueden ir de mal en peor para él/ella. ¡Deje que así sea! Él/ella debe solucionar sus propios problemas, no usted. Deje que él/ella asuma toda la responsabilidad por sus problemas y todo el crédito por sus soluciones. Manténgase afuera. (Si usted está ocupada con su propia vida y practicando su propio desarrollo espiritual, le resultará más fácil apartar los ojos de él/ella.)

Significa desprenderse. Para eso es necesario que usted desembarace su ego de los sentimientos de él/ella y, especialmente, de sus acciones y los resultados de las mismas. Es necesario que usted le permita ocuparse de las consecuencias de su conducta, que no lo salve de su dolor. Puede continuar queriéndolo, pero no lo cuide. Permítale encontrar su propio camino, tal como usted está tratando de encontrar el suyo.

6. Aprenda a no "engancharse" en los juegos

El concepto de juegos según se aplican entre dos personas proviene del tipo de psicoterapia conocida como análisis transaccional. Los juegos son formas estructuradas de interacción que se emplean para evitar la intimidad. Todo el mundo recurre a veces a los juegos en sus interacciones, pero en las relaciones insalubres los juegos abundan. Son maneras estereotipadas de reaccionar que sirven para evitar cualquier intercambio genuino de información y sentimientos, y permiten a los participantes poner en manos del otro la responsabilidad por su bienestar o su angustia. Típicamente, los roles que juegan las personas que aman demasiado y sus parejas son variedades de las posiciones de rescatador, perseguidor y víctima. En un intercambio típico, cada miembro de la pareja juega cada uno de estos roles muchas veces. Designaremos el rol de rescatador como (R) y lo definiremos como "quien trata de ayudar"; el rol de perseguidor como (P) y lo definiremos como "quien trata de culpar", y el rol de víctima como (V), definido como "quien está libre de culpa e indefenso". El siguiente libreto ilustrará el funcionamiento de este juego:

Tom, que a menudo vuelve tarde a casa, acaba de llegar a su dormitorio. Son las 11.30 de la noche y su esposa, Mary, comienza.

MARY (llorosa): (V) ¿Dónde estabas? He estado preocupadísima. No podía dormir, y tenía miedo de que hubiera habido un accidente. Tú sabes cómo me preocupo. ¿Cómo pudiste dejarme así sin al menos llamarme para decirme que seguías vivo?

TOM (en tono apaciguador): (R) Oh, querida, lo siento. Pensé que estarías dormida y no quería despertarte con una llamada. No te enfades. Ya volví y te prometo que la próxima vez te llamaré. En cuanto me prepare te masajearé la espalda y te sentirás mejor.

MARY (enfadándose): (P) ¡No quiero que me toques! ¡Dices que la próxima vez llamarás! Bromeas. La última vez que pasó esto dijiste que llamarías, ¿y lo hiciste? ¡No! No te importa si yo estoy aquí pensando que estás muerto en la calle. Nunca piensas en los demás, así que no sabes lo que es preocuparse por alguien querido.

TOM (desvalido): (V) Querida, eso no es cierto. Sí pensaba en ti. No quería despertarte. No sabía que te enfadarías. Sólo trataba de ser considerado. Parece que haga lo que haga, me equivoco. ¿Y si te hubiese llamado y tú hubieras estado dormida? Entonces yo sería un imbécil por haberte despertado. Nunca puedo ganar.

MARY (cediendo): (R) Bueno, eso no es verdad. Es sólo que eres muy importante para mí; quiero saber que estás bien, que no te han atropellado por ahí. No estoy tratando de hacerte sentir mal; sólo quiero que entiendas que me preocupo por ti porque te quiero mucho. Lamento haberme enfadado tanto.

TOM (presintiendo una ventaja): (P) Bueno, si te preocupas tanto, ¿por qué no te alegra verme cuando llego a casa? ¿Cómo es que me recibes con todos estos reproches sobre dónde he estado? ¿Acaso no confías en mí? Me estoy cansando de tener que explicarte todo siempre. ¡Si confiaras en mí te dormirías, y cuando yo llegara te alegrarías de verme en lugar de atacarme! A veces pienso que simplemente te gusta pelear.

MARY (levantando la voz): (P) ¡Alegrarme de verte! ¿Después de estar aquí dos horas pensando dónde estarías? Si no confío en ti es porque nunca haces nada para que confíe en ti. ¡No llamas, me culpas por enojarme, y después me acusas de no ser agradable contigo cuando al fin llegas! ¿Por qué no vuelves adonde estabas, donde sea que hayas estado toda la noche?

TOM (en tono conciliador): (R) Mira, sé que estás enojada, y mañana tengo mucho trabajo. ¿Y si te preparo una taza de té? Eso es lo que necesitas. Después me daré una ducha y vendré a la cama. ¿De acuerdo?

MARY (llorando): (V) Tú no entiendes lo que es esperar y esperar, sabiendo que podrías llamar pero no lo haces, porque no soy tan importante para ti...

¿Nos detenemos aquí? Como podrán ver, estos dos podrían seguir intercambiando lugares en su triángulo de posiciones como rescatador, perseguidor y víctima durante muchas horas o días más, incluso años. Si usted se encuentra respondiendo a cualquier declaración o acción de otra persona desde cualquiera de estas posiciones, ¡cuidado! Usted está participando en un ciclo sin ganador de acusación, refutación, culpa y contraculpa que no tiene sentido, es fútil y degradante. Deténgase. Deje de tratar que las cosas salgan como usted quiere mostrándose amable, enfadada o indefensa. Cambie lo que pueda, ¡Y eso significa cambiarse usted misma! Deje de necesitar ganar. Deje incluso de necesitar pelear, o hacer que él le dé una buena razón o excusa por su comportamiento o su abandono. Deje de necesitar que él se arrepienta lo suficiente.

7. Enfrente con coraje sus propios problemas y defectos

Enfrentar sus problemas significa que, habiendo renunciado a manejar y controlar a otros y a los juegos, ahora no le queda nada para distraerla de su propia vida, de sus problemas y de su dolor. Este es el momento en que usted necesita empezar a mirarse en profundidad, con la ayuda de su programa espiritual, su grupo de apoyo y su terapeuta, si lo tiene. No siempre es necesario tener un terapeuta para este proceso. En los programas de Anónimos, por ejemplo, las personas que han experimentado una gran medida de recuperación pueden convertirse en patrocinadores de los recién llegados, y en ese rol a menudo ayudan a sus patrocinados a atravesar ese proceso de autoanálisis.

Significa también que usted examine a fondo su vida actual, tanto lo que la hace sentir bien como lo que la hace sentir incómoda o infeliz. Haga listas de ambas cosas. Y también examine el pasado. Examine todos sus recuerdos, buenos y malos, sus logros, sus fracasos, las veces que se vio lastimada y las veces que usted lastimó a otros. Examínelo todo, nuevamente por escrito. Concéntrese en áreas de especial dificultad. Si el sexo es una de esas áreas, escriba una historia sexual personal completa. Si los hombres siempre han sido un problema para usted, comience por sus primeras relaciones con ellos y, nuevamente, haga una historia completa. ¿Sus padres? Utilice la misma técnica con ellos. Comience por el principio y escriba. Hay mucho que escribir, es cierto, pero es una herramienta valiosísima que la ayudará a clasificar su pasado y a empezar a reconocer los patrones, los temas repetitivos, en sus luchas, con usted misma y con los demás.

Cuando inicie este proceso, haga un trabajo lo más completo que pueda antes de detenerse. Esta es una técnica que usted querrá volver a utilizar más adelante, cuando surjan áreas problemáticas. Es probable que al principio se concentre. en las relaciones. Más tarde, en otro momento, quizá desee escribir su historial de trabajos, qué sentía respecto de cada uno de ellos antes de empezar, durante el tiempo en que estuvo empleada allí y después. Simplemente deje que sus recuerdos, sus pensamientos y sus sentimientos fluyan. No analice lo que escribe en busca de patrones sobre la marcha; hágalo después.

8. Cultive lo que necesite desarrollar en usted mismo.

Cultivar lo que necesite desarrollar en usted misma significa no esperar que él cambie antes de seguir con la vida. Esto también significa no esperar el apoyo de él —en cuestiones financieras, emocionales o prácticas— para iniciar lo más posible su carrera, o cambiar su carrera, o retomar los estudios, o lo que usted desee hacer. En lugar de subordinar sus planes a la cooperación de él/ella, actúe como si no tuviera nadie más que usted misma en quien apoyarse. Cubra todas las contingencias —el cuidado de los hijos, dinero, tiempo, transporte— sin usarlo a él como recurso (¡ni como excusa!). Si, mientras lee esto usted está protestando que sin la colaboración de él sus planes son imposibles, considere solo/a, o con una amigo/a, cómo lo haría si no lo conociera. Descubrirá que es muy posible hacer que la vida funcione bien para usted cuando deje de depender de él/ella y haga uso de todas sus otras alternativas (4).

Cultivarse significa actuar en pro de sus intereses. Si usted ha estado demasiado ocupada con él por demasiado tiempo y no tiene vida propia, entonces comience por tomar muchos caminos distintos para averiguar qué le atrae. Esto no es fácil para la mayoría de las mujeres que aman demasiado. Dado que ese hombre fue su proyecto durante tanto tiempo, se sienten incómodas al pasar a concentrarse en sí mismas y analizar lo que es bueno para su crecimiento personal. Esté dispuesta a probar por lo menos una actividad nueva por semana. Vea la vida como si fuera una mesa de platos variados, y sírvase muchas experiencias distintas para poder descubrir qué la atrae.

Cultivarse significa correr riesgos: conocer gente nueva, entrar a un aula por primera vez en años, hacer un viaje sola, buscar un empleo... cualquier cosa que usted sepa que necesita hacer pero no ha podido reunir el coraje suficiente para emprenderla. Este es el momento de zambullirse. En la vida no hay errores, sino sólo lecciones, de modo que salga y permítase aprender algo de lo que la vida quiere enseñarle. Utilice su grupo de apoyo como fuente de aliento y realimentación. (No recurra a su relación ni a aquella familia disfuncional de origen en busca de aliento. Ellos/as necesitan que usted siga siendo el misma, para poder seguir siendo los mismos/as. No se sabotee usted mismo ni a su crecimiento apoyándose en ellos/ellas.)

9. Vuélvase "egoísta"

Al igual que la palabra espiritualidad en el paso 4, aquí la palabra egoísta necesita una cuidadosa explicación. Es probable que evoque imágenes exactas de lo que usted no quiere ser: indiferente, cruel, desconsiderado, egocéntrico. Para algunas personas, el egoísmo puede significar todo eso, pero recuerde que usted es una persona que tiene un historial de amar demasiado. Para usted, volverse egoísta es un ejercicio necesario para renunciar al martirio. Examinemos qué significa un egoísmo sano para las personas que aman demasiado.

Usted coloca su bienestar, sus deseos, su trabajo, juegos, planes y actividades en primer lugar en vez de último; antes, y no después de que estén satisfechas las necesidades de los demás. Aun cuando usted tenga hijos pequeños, incorpora a su día algunas actividades puramente en beneficio propio.
Usted espera e incluso requiere que las situaciones y las relaciones sean cómodas para usted. No trata de adaptarse a las incómodas.

Cree que sus deseos y necesidades son muy importantes, y que es su tarea satisfacerlos. Al mismo tiempo, concede a los demás el derecho de responsabilizarse por sus propios deseos y necesidades.

10. Comparta con otros lo que ha experimentado y aprendido

Compartir sus experiencias con otros significa recordar que éste es el último paso en la recuperación, no el primero. Ser demasiado dispuestos/as a ayudar y concentramos demasiado en los demás es parte de nuestra enfermedad, de modo que espere hasta haber trabajado duro en pro de su propia recuperación antes de emprender este paso.

En su grupo de apoyo de pares, significa compartir con los recién llegados/as cómo era la vida antes para usted y cómo es ahora. Eso no significa aconsejar, sino sólo explicar lo que dio resultado para usted. Tampoco significa dar nombres ni echar la culpa a otros. A esta altura de la recuperación usted ya sabe que el culpar a otros no la ayudará.

Compartir con otros significa también que cuando conozca a alguien que tiene antecedentes similares o se encuentra en una situación parecida a la que tuvo usted, esté dispuesto/a a hablar de su propia recuperación sin necesidad de coaccionar a esa persona para que haga lo que usted hizo para recuperarse. Aquí no hay lugar para manejar ni controlar, como tampoco lo había en su relación.
Compartir puede significar dedicar algunas horas como voluntario/a para ayudar a otras personas, tal vez trabajando en una línea telefónica de emergencia o en reuniones personales con alguien que ha pedido ayuda.

Finalmente, puede significar educar a las profesiones médicas y de asesoramiento psicológico acerca del enfoque y tratamiento apropiados para usted y personas como usted.

Robin Norwood
1) Robin Norwood, psicóloga y escritora, es autora también de los libros "Cartas de las mujeres que aman demasiado" (1996), "Por qué a mí, por qué esto, por qué ahora" (1997) y "Meditaciones para las mujeres que aman demasiado" (2004).
Su libro "las mujeres que aman demasiado" (1985) establece un importante precedente en la denuncia y tratamiento del grave problema del amor enfermo, que ya planteó Erich Fromm en su libro de los setenta "El arte de amar", y que cada vez causa más sufrimiento en nuestra sociedad.

2) Una escritora muy recomendable que conecta con el cristianismo, aunque no llega a hacerse cristiana oficialmente, es Simone Weil. Su experiencia de Cristo es íntima, no ortodoxa, por lo tanto no acepta los sacramentos de la iglesia, a pesar de que vive con profundidad el símbolo del cristianismo. Puedes leer siguiendo este enlace una selección de sus reflexiones.
3) Este paso y los pasos siguientes sobre la manipulación consciente o inconsciente que uno hace de su entorno (por miedo a lo que pueda pasar), están vinculado a aspectos del proceso que se simbolizan en La Luna del tarot.

4) Ver también el artículo relacionado: Emperador vs. Emperatriz: Eternamente inocentes.

29 feb. 2012

Emperador vs. Emperatriz: Eternamente inocentes

Fragmento de una clase de Enrique Eskenazi en el 2003 sobre la relación entre La Emperatriz y El Emperador del Tarot. Transcripción, resumen y comentarios de Sergi Ferré Balagué.

La pareja arquetípica representada por los emperadores
Los roles normalmente están polarizados. Está él y está ella, pero en ella hay un él y hay una ella, y en él hay un él y hay una ella. Es decir, en cada persona existen los dos principios. Dos demandas necesarias.

Pero ¿qué ocurre? Que generalmente las chicas en su parte consciente aceptan un rol femenino y la necesidad masculina suele quedar completamente postergada, no atendida. ¿Y qué pasa con ellos? Se identifican conscientemente con lo masculino, pero en su parte inconsciente todas las demandas femeninas quedan postergadas, no enfrentadas conscientemente. Entonces ¿qué pasa? Que el inconsciente se proyecta. Y ella se relaciona con él, no a través de lo que él es, sino a través de su expectativa inconsciente. Y él se relaciona con ella, no directamente por lo que ella es, sino a través de su expectativa inconsciente.

Pero en realidad dos medias personas nunca hacen una persona entera. Toda su vida siguen siendo dos medias personas. Esto de que "el otro me hará entero, me dará la unidad que no tengo" es ilusorio. Pero sí es cierto que el otro o la otra pueden ser la ocasión por la que me dé cuenta de lo que me falta. Entonces ellas esperan que ellos sean lo que ellas esperan que sean, pero lo que ellas esperan ningún ser humano de carne y hueso lo puede ser. Porque esperan a un dios, esperan una abstracción, esperan una especie de caricatura unidimensional y sin sombra, esperan al príncipe azul, al rey de los cuentos, cualquier cosa menos la realidad de un ser humano polifacético, incapaz de encajar en cualquier esquema.

Single Eternamente inocente sobre el amor simbiótico (1)
Claro, mientras estas demandas existan las relaciones no están formadas por dos sino por cuatro. O sea que en toda relación no solamente hay dos personas, sino también están las imágenes inconscientes proyectadas, expectativas, requerimientos, premios y castigos. Te premio cuando lo que haces coincide con lo que necesito y te castigo cuando no es así. De la misma manera que soy premiado en la medida en que coincida con lo que esperas de mí y castigado en la medida en que no. Bueno, pero ¿me quieres a mí? ¿o me quieres a mí en la medida en que me parezco a lo que tú quieres, a lo que sin darte cuenta te estás exigiendo?

Claro, estas relaciones están condenadas al fracaso. Pero el fracaso de estas relaciones es la oportunidad de autodescubrimiento para cada una de estas personas. No es un castigo, es una oportunidad. Claro que lo pueden vivir como un castigo, de la misma manera que el animal vive como castigo que le den latigazos que lo alejen del desierto y lo lleven hasta donde está el alimento.

Está la expectativa de que el otro te llene algo que en verdad sólo puede colmarse por un propio acto de realización interior. Estas relaciones de enamoramiento muestran un definido esquema paterno-filial. La persona amada es el sustituto de la madre o del padre, por eso el comentario de "¡Estoy harto de que mis parejas quieran ser hijos!". Claro, pero ¿con qué tipo de hombres te relacionas? ¿y cómo te colocas tú ante esta relación? La pareja se convierte en una criatura dependiente e insegura a quien proteger. Claro, se han intercambiado necesidades, pactos, acuerdos, conveniencias, porque son medias personas. No hay la tarea de ser sí mismo en ninguno de ellos, sino la búsqueda del olvido de sí mismos en el otro(2).

Pero hay otro tipo de amor, otro que los enamoradizos(3) ni sospechan que existe, ni lo sospechan, ni se lo imaginan ni están preparados. Y es otra manera de amar, un amor que reconoce la realidad del otro. La persona que cree que amar es perder la chaveta no sabe lo que es un amor centrado. Solo conoce el amor que es la proyección, la demanda, la exigencia, la necesidad, la compulsión. Pero el amor que consiste en la serena aceptación del otro, en la alegría de que el otro sea otro y no la prolongación de uno mismo, implica que hay alguien que es alguien y no alguien que no no es nada y que necesita que el otro le de realidad.

Notas:

(1) Descárgate gratuitamente Eternamente inocente de Exóticopop, haciendo clic aquí.
"Éramos tan valientes tú y yo, que retamos al mismo diablo a atreverse algún día a separarnos (...) Quiero ser inocente, prácticamente inconsciente, para creer que podría tenerte a mi lado eternamente"

(2) Para profundizar en el tema de las dependencias afectivas, recomiendo la lectura del libro Las mujeres que aman demasiado de Robin Norwood. Puedes leer extractos del mismo a modo de resumen en el artículo Dependencia emocional y adicción a las relaciones.

(3) Los amorosos, un poema de Jaime Sabines (1926-1999):

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.