28 nov. 2014

Gala Diorama contra el sida

Hans Henry Jahnn decía que el amor "es la entrada a todos los abismos del contacto... del cariño improcedente... del comportamiento absurdo e imprudente que enriquece la existencia. Su soplo produce lo exagerado, lo maniático,... lo irreal... lo degenerado... lo múltiple.. el verdadero torrente de la actividad de la vida... La profunda y oscura felicidad".

Pero nos han enseñado a temer a lo oscuro, a culparnos por la felicidad húmeda del deseo, a temer al deseo, a la necesidad del deseo... Acusamos al amor de todo el dolor sufrido, por todas las relaciones rotas, por las enfermedades contraídas, por los años supuestamente tirados a la basura... Por eso decidimos desconfiar del amor, aplicarle la ley de peligrosidad social, y se le crean normas que lo obligan contractualmente, que lo someten al poder organizativo y disciplinario de las convenciones, del "debería ser así"...

Pero es el miedo producido por la ignorancia el que pretende etiquetar al amor... ¡Se le busca un sentido al amor! ¡Se pretende que nos sirva para algo! ¡que nos obedezca! Pensamos: El amor sirve para reproducirse, el amor sirve para obtener seguridad, el amor sirve para cazar una buena pieza y demostrarnos a nosotros mismos que yo lo valgo, el amor sirve de evasión...

... y nos equivocamos, porque el amor no se deja utilizar, el amor no está hecho para servir a nada ni a nadie ... El amor solo está hecho para ser vivido... el amor se hace al amar, cobra vida, se llena de sí mismo... por eso es gratis, absurdo y no tiene límites!

Por eso no es al amor a quien debemos culpar cuando nos sentimos frustrados al ver que no es como nos habíamos imaginado.

El amor, como todo gran don que uno tiene la suerte de disfrutar, requiere de una gran responsabilidad. Porque el amor es nuestra inocencia, es nuestra intimidad, es nuestra vulnerabilidad, es nuestro ser pequeñitos... y ahí tenemos que madurar, adquirir habilidades en el arte de amar, y que esta candidez que hay en nosotros se desarrolle... Ser asertivos, ser honestos, cuestionar nuestros prejuicios, estar informados, protegernos, pedir ayuda cuando lo necesitamos... Pero nunca decir: ¡La culpa de todo la tiene el amor!

Como dijo Ralf König, “si el sida se transmitiera bebiendo café, ni una sola persona bebería más café, incluso los adictos al café se guardarían de beberlo. Pero es que el sida toca precisamente allí donde el deseo del ser humano de entregarse y de fundirse en el otro es más fuerte... el sida toca precisamente allí donde está el apetito sensual, el disfrute del propio cuerpo y el de la pareja, el deseo de cruzar fronteras, de olvidar reglas, -el regalo más grande de la vida: Nuestra sexualidad"

Por esto esta gala es contra la enfermedad, contra el bichito vih, pero también es un homenaje a todas las personas que a través de esta experiencia han hecho de este planeta un mundo más amplio, inclusivo, informado, responsable y amoroso.

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