25 may. 2020

¿Qué es el alma?

Este es un artículo en construcción sobre el alma psíquica, redactado por Sergi Ferré.

Puedes unirte a la reflexión, compartir tus discrepancias, realizar aportaciones, pero no dejes que el concepto que trabajamos aquí se te pase por alto, porque es fundamental para acceder a la lógica del amor que nos permite llegar al corazón del corazón. Este es el camino del sentido de la propia vida que se experimenta como vacío en la dependencia emocional, adicciones, sufrimiento neurótico, etc., precisamente como una invitación para transitar por él.

El alma es aquello que te condiciona absolutamente sin saberlo. Ese claro que hace posible que sientas lo que sientes, que pienses lo que piensas, que hagas lo que haces. El término proviene del griego animus, y se refiere a lo que anima (da alma) a las cosas, emparentada con anemos, que quiere decir "viento", que es aquello que mueve las cosas. Por ejemplo, cuando vemos una bolsa de plástico movida por el viento, sabemos que no es que la bolsa haga lo que quiera, sino que es la manifestación de un movimiento que se expresa en la bolsa pero que no se reduce a ella ¿Cuantas veces no seremos bolsas de plástico al viento sin saberlo?

Antiguamente, el alma se presentaba como el otro divino de ti separado de tu parte mundana. Esta visión platónica quedó relegada al plano de la creencia religiosa con la emergencia del uso de la razón en el siglo XVIII. Posteriormente, C. G. Jung rescató el termino en psicología, para referirse a la lógica de entendimiento que impera en la persona, apoyándose en las tesis sobre el inconsciente de Sigmund Freud.

Por lo tanto, no entendemos aquí el alma como algo substancial, ni siquiera como algo invisible que no se pueda tocar, porque el alma no es un algo, sino un proceso. Como no es posible entender a qué me refiero sin una reflexión, periódicamente te voy a transmitiendo ideas a modo de imágenes. Estate atenta, piénsalas, a ver si entiendes a qué me refiero.

Primera imagen

¿Qué es lo que hace que estas personas sufran? ¿Puedes diferenciar, por un lado, el ego de cada persona, el cuento de cada una de ellas, y por el otro, la situación global en la que se encuentran?

Cuando pensamos en términos de esfuerzo o comunicación, damos por supuesto que ambos pueden hacerlo y en qué sentido deberían hacerlo. Las relaciones entonces no tienen nada que enseñarnos y su propósito se reduce a adecuarse la idea de relación que tenemos en nuestras cabezas ¿Y si lo que está pasando es lo que debería pasar para mostrarnos las contradicciones en nuestra manera de pensar? ¿Hasta qué punto estamos dispuestas a dejarnos enseñar por la verdad?

Segunda imagen

Hablamos de un miedo a la verdad tal que en vez de permitirme acoger lo que hay me impone la tarea de tener que corregir la verdad para que esta me resulte soportable. Entonces veo lo que debería haber y lo comparo con lo que no hay, sin darme cuenta que desde donde miro opera un terrible juicio moral y emocional que pasa inadvertido.

Cabría preguntarse si no son justamente mis ideas sobre las cosas las que me hacen sufrir y no una realidad que es independiente de mí ¿Por qué debería tomármelo como algo personal? ¿Es que me la tiene jurada a mí? ¿Acaso yo no soy cualquiera? Parafraseando a Eskenazi: El tema no es lo queremos que sea verdad, el tema es lo que es verdad más allá de lo que queramos o no. Pero, ¿quién es tan humilde para hacerse cargo de lo que le toca vivir? 

Seguimos...

En GAEDE ofrecemos un servicio terapéutico especializado en casos en que las relaciones afectivas comportan un sufrimiento inusual, como dependencia emocional o adicciones derivadas.
 
Para ello proponemos sesiones individuales especializadas, actualmente online, así como cursos temáticos online y un grupo de agenciamiento afectivo. Estamos en Barcelona, Amposta (Terres de l'Ebre, Tarragona), y ONLINE ahí donde te encuentres.

Escríbenos, comentando brevemente tu caso, a gaede@gaede.cat

18 may. 2020

La Dependencia Emocional en tiempos del Covid-19

Sentir no es pensar
Un artículo de Sergi Ferré sobre terapia especializada en relaciones afectivas y dependencia emocional.

Somos personas que nos obsesionamos con controlar la realidad debido a que nuestras emociones se basan en patrones muy estrictos sobre cómo deberían ser las cosas. Pero en una sociedad del consumo, basada en lo que te falta y no en lo que tienes, ¿quién no es así? 

A algunas, el estado de alarma nos ha dado un respiro: Ahora no es el momento para que las cosas sean como deberían ser, aún no, no depende de mí, etc. A otras, nos ha privado de los mecanismos de validación exteriores (trabajo, relaciones, etc.), y hemos regresado al miedo por la incertidumbre, la impotencia y la perdida: ¿qué será de nuestras vidas? ¡Tenemos que compensarlo!

El encierro en casa nos ha recordado al cerrazón en nosotras mismas. Pero el hecho de que todo el mundo acabe recluyéndose, no desactiva las razones por las que nosotras lo hacemos: ¿Cómo nos relacionamos con la realidad? ¿Con qué criterios llegamos a conclusiones sobre lo que está bien o está mal? ¿Se corresponde mi desazón con un personaje con el que me identifico previamente a cualquier circunstancia? Comerse el coco no es pensar.

Ponernos etiquetas no es entender
Aislarnos cuando todo el mundo se aísla, puede aliviar nuestra auto-crítica, pues desaparece el marco exterior en el que escenificaba el juicio hacia nuestra persona. No olvidemos que la dependencia emocional se hace fuerte precisamente cuando pasa inadvertida, cuando encuentra razones para justificar nuestro sufrimiento.

Cuando auto-conocimiento, auto-estima, auto-desarrollo, quiere decir sola con una misma y separada de todo lo demás, nos confinamos en un contexto en que yo decido lo que debo saber, lo que debo amar y lo que debo creer. Solo tengo que adecuarme a ello. 

Nuestro talón de Aquiles siempre ha sido el otro entendido como aquello en mi vida ante lo que no puedo ejercer control. Frente a esto, un yo excesivamente cargado de importancia personal asume todo el peso. Lo que siento es real, como también son reales los factores psíquicos que me llevan a sufrir, que no dependen de mí.

Evitar ponerme en juego no es confiar en mí mismo; no contrastar mis ideas no es confiar en mí mismo; limitarme a lo que siento sin aspirar a una verdad compartida por todos y no solo por los que sienten como yo, no es confiar en mí mismo. Esto es solo querer confiar en mí mismo, pero no hacer el camino real.

GAEDE ofrecemos un servicio terapéutico especializado en casos en que las relaciones afectivas comportan un sufrimiento inusual, como dependencia emocional o adicciones derivadas. Nuestra metodología se basa en aprender a pensar la realidad a través del vínculo de confianza con la terapeuta: Entender lo que la codependencia nos enseña sobre nosotras mismas en el marco de nuestras vidas.

Para ello proponemos sesiones individuales especializadas, actualmente online, así como cursos temáticos online y un grupo de agenciamiento afectivo. Estamos en Barcelona, Amposta (Terres de l'Ebre, Tarragona), y ONLINE ahí donde te encuentres.

Escríbeme a gaede@gaede.cat comentando brevemente tu caso.