22 oct. 2019

Las relaciones especiales

Fragmentos seleccionados del libro "Regreso al Amor" de Marianne Williamson (1992), que suponen una crítica al especialismo, en base a "Un Curso de Milagros".

Las relaciones no necesariamente nos libran del dolor. Lo único que nos «libra del dolor» es sanar de aquello que nos lo causa. No es la ausencia de otra persona en nuestra vida lo que provoca el dolor, sino más bien lo que hacemos con ella cuando está.

Una relación no está destinada a ser la unión de dos inválidos emocionales. El propósito de una relación no es que dos personas incompletas se conviertan en una, sino que dos personas completas se unan (...)  

A menudo una pareja que se ha separado o divorciado ve con tristeza el «fracaso» de su relación. Pero si  ambas personas han  aprendido  lo  que tenían  que aprender, entonces la  relación  fue  un  éxito. Ahora ha llegado el momento de la separación física, de modo que se pueda seguir aprendiendo de otras maneras. Esto no sólo significa aprender en otra parte, de otras personas; significa también aprender la lección de puro amor que encierra el hecho de tener que renunciar a una relación (...)

Nuestras murallas son nuestras heridas, los lugares donde sentimos que ya no podemos amar más, no podemos conectarnos con más profundidad, no podemos perdonar más allá de cierto punto. Estamos, cada uno, en la vida de los otros para ayudarnos a ver dónde tenemos más necesidad de sanar, y para ayudarnos a sanar (...)

El ego sostiene que el amor que necesitamos debe venir de otra persona, y que ahí afuera hay alguien especial que puede llenar ese hueco. Como el deseo de ese alguien especial surge en realidad de nuestra creencia en que estamos separados, el deseo  mismo  simboliza  la  separación y la culpa  que  sentimos a causa de ella. Nuestra búsqueda, entonces, carga con la energía de la separación y de la culpa. Por eso, con frecuencia, en nuestras relaciones más íntimas se genera tanta rabia. Estamos proyectando en la otra persona la rabia que sentimos contra nosotros mismos por amputar nuestro propio amor (...)

La relación especial no se basa fundamentalmente en el amor, sino en la culpa. La relación especial es la fuerza de seducción del ego que pugna por apartarnos de Dios. Es una forma importante de idolatría, la tentación de pensar que algo distinto de Dios pueda completarnos y darnos paz. El ego nos dice que ahí afuera hay una persona especial que hará que desaparezca todo el dolor. En realidad no nos lo creemos, evidentemente, pero de alguna manera sí nos lo creemos (...)

El amor especial es un amor «ciego», que se equivoca al elegir la herida que intenta sanar. Se dirige a la brecha que hay entre nosotros y Dios, que en realidad no existe, aunque creamos que sí. Al dirigirnos a esta brecha como algo real, y desplazar su origen hacia otra persona, en realidad nos fabricamos la experiencia que procuramos rectificar (...)

La relación especial es un dispositivo mediante el cual el ego nos separa en lugar de unirnos. Basada en la creencia en el vacío interior, está siempre preguntando: «¿Qué puedo conseguir?», mientras que el Espíritu Santo, pregunta:  «¿Qué puedo dar?». El ego procura usar a otras personas para satisfacer lo que define como nuestras necesidades. Actualmente, algunas voces siguen insistiendo interminablemente en si una relación «satisface o no nuestras necesidades». Pero cuando intentamos usar una relación al servicio de nuestros propios fines, vacilamos, porque reforzamos nuestra ilusión de necesidad. Bajo la dirección del ego andamos siempre en busca de algo, y sin embargo, continuamente saboteamos lo que hemos encontrado.

No estás preparada para una relación si no puedes permitir a la otra persona que cometa un error. El ego le había dicho que rechazara a ese hombre porque ella estaba preparada para una relación, pero lo que hacía en realidad era asegurarse de que no la tuviera. El ego no busca alguien a quien amar, sino alguien a quien atacar.

Una relació especial perpetúa la mascarada autopunitiva en la que todos buscamos desesperadamente atraer el amor siendo alguien que no somos. Aunque vamos en busca del amor, en realidad estamos cultivando el odio hacia nosotros mismos, nuestra carencia de autoestima (...)

De la misma  manera como "el Espíritu Santo fue la respuesta de Dios a la separación, de igual modo la relación especial fue entonces la respuesta del ego a la creación del Espíritu Santo". Después de la separación empezamos a sentir en nuestro interior un enorme agujero, y la mayoría de nosotros seguimos sintiéndolo. El único antídoto para esto es la Expiación o retorno a Dios, porque el dolor que sentimos es efectivamente nuestra propia negación del amor. El ego, sin embargo, nos dice otra cosa. Sostiene que el amor que necesitamos debe venir de otra persona, y que ahí afuera hay alguien especial que puede llenar ese hueco.Como el deseo de ese alguien especial surge en realidad de nuestra creencia en que estamos separados de Dios, el deseo mismo  simboliza  la  separación y la culpa  que  sentimos a causa  de ella. Nuestra búsqueda, entonces, carga con la energía de la separación y de la culpa. Por eso, con frecuencia, en nuestras relaciones más íntimas se genera tanta rabia. Estamos proyectando en la otra persona la rabia que sentimos contra nosotros mismos por amputar nuestro propio amor.  


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