22 sept. 2014

La codependencia como enfermedad social


"No soy feliz viviendo con esta persona, pero no creo que pueda vivir sin ella. Por alguna razón soy incapaz de hallar dentro de mí el valor necesario para afrontar la soledad que todo ser humano debe afrontar alguna vez en su vida: ser responsable de cuidar de sí mismo. No creo que pueda cuidar de mí mismo. No estoy seguro de que quiera hacerlo. Necesito a alguien, quien sea, que amortigüe el trauma de mi soledad. No me importa cual sea el precio". M. Beattie.

La codependencia es el grado de sufrimiento que se experimenta ante la propia vida al considerarla inaceptable, y que está en la base de las diversas adicciones (a una sustancia, a un comportamiento compulsivo o a una persona) con las que se intenta combatir el estrés que se genera.

Esta patología originada en la niñez se caracteriza por la negación de los propios sentimientos y necesidades a la vez que se toman responsabilidades por las de otros. Uno se convierte en el "salvador" de la otra persona para asegurarse de que ésta nunca lo abandonará. Pero cuando inevitablemente acontece la ruptura se desarrollan conductas controladoras y la incapacidad para aceptar la realidad y gobernar la propia vida, situación que puede desencadenar ataques de pánico y depresión.

Esta charla se divide en cuatro partes:
  1. ¿Qué es la codependencia?
  2. ¿Cómo se crea?
  3. ¿Cómo se consolida?
  4. ¿Cómo se interviene?

Charla dirigida a todos los públicos.

Martes 30 de septiembre de 2014 - 19:00h
Sala de actos del CC Golferichs (Gran Via de les Corts Catalanes, 491)
A cargo de Sergi Ferré Balagué, miembro de GAEDE
Organizado por la asociación Encara en Acció.
Entrada gratuita.

Bibliografía:
BEATTIE, M. (1987): Libérate de la Codependencia. Málaga. Ed. Sirio.
CASTANYER, O (Ed.): La víctima no es culpable. Barceloba. Ed. Serendipity.
DOWLING, C. (1981): El complejo de Cenicienta. Debolsillo. Barcelona.
ESKENAZI, E. (2005): Seminario Saturno/Kronos y el don de la melancolía. Barcelona.
FROMM, E. (2000): El Arte de amar : una investigación sobre la naturaleza del amor. Barcelona Ed. Paidós
GIDDENS, A. (2001): La Transformación de la intimidad: sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Madrid. Cátedra, cop.
GIEGERICH, W. (2001): The Soul’s Logical Life. Frankfurt am Main. Peter Lang.
HERRERA GÓMEZ, C. (2010): La construcción sociocultural del amor romántico. Madrid. Ed. Fundamentos.
MELLODY, P. (1989): La Codependencia: qué es, de dónde procede, cómo sabotea nuestras vidas. Barcelona. Ed. Paidós.
MELLODY, P. (1997): La adicción al amor. Barcelona. Ed. Obelisco.
MILLER, A. (1988): El saber proscrito. Barcelona. Tusquets Editores.
POWELL, J. (1989): ¿Por qué temo decirte quién soy?. Santander. Ed. Sal Terrae.
RUSSIANOFF, P. (1981): ¿Por qué creo que no soy nada sin un hombre?. Barcelona. Ed. Paidós.
THALMANN,Y-A. (2008): Las virtudes del poliamor: La magia de los amores múltiples. Barcelona. Ed. Plataforma.

Recursos:

4 sept. 2014

Aprender a parar el dolor

Había una vez una mujer que se retiró a una cueva en las montañas con un gurú. Quería, decía ella, aprender todo lo que pudiera  saber. El gurú le dio montones de libros y la dejó sola para que pudiera estudiar. Cada mañana, el gurú regresaba a la cueva a verificar el progreso de la mujer. En su mano llevaba un pesado bastón de madera. Cada mañana le hacía la misma pregunta:
   
- ¿Ya has aprendido todo lo que se puede saber?
Y cada mañana, la respuesta de ella era la misma:
- No, -decía ella- no lo he hecho.      

El gurú entonces le pegaba en la cabeza con su bastón.

Esta escena se repitió durante meses. Un día el gurú entró en la cueva, hizo la misma pregunta, escuchó la misma respuesta y levantó su bastón para pegarle de la misma manera, pero la mujer cogió el bastón del gurú, parando su golpe en el aire.

Aliviada de haber dado fin a los golpes cotidianos, pero temerosa de la represalia, la mujer volvió la vista hacia el gurú.  Para su sorpresa, el gurú sonrío.

- Felicidades - le dijo- te has graduado. Ahora sabes todo lo que necesitas saber.
- ¿Cómo es eso? -preguntó la mujer.
- Has aprendido que nunca aprenderás todo lo que se puede saber -le contestó-, y has aprendido a parar el dolor.

Extracto del libro "Libérate de la codependencia" de Melody Beattie.

1 sept. 2014

La fantasía del rescatador

Un artículo de Sergi Ferré Balagué.


Según explica Pia Mellody (1), las relaciones de adicción romántica suelen seguir un patrón similar y en ellas están implicadas dos partes: el adicto al amor y el adicto a la evitación, o sea el gato y el ratón respectivamente. Estas adicciones devienen de una codependencia que según la autora es una enfermedad de inmadurez causada por un trauma infantil, y por lo tanto, los codependientes son personas inmaduras o infantiles. Este es el enfoque freudiano, muy extendido, que apunta a los niños como la clave para comprender la psique humana. Esto supone que ayudar a los adultos significa en gran medida tratarlos como a niños.

Pero la cuestión es que en los adictos emocionales suele haber una incapacidad para amarse y protegerse a sí mismos, para identificar quién se es, y cómo compartir eso adecuadamente con los demás, para cuidar de sí mismos y afrontar sus propias necesidades (económicas, sociales, etc.), para experimentar y expresar la propia realidad con moderación. De ahí la necesidad del otro, al que por un lado se le diviniza, y como consecuencia, por el otro lado, se le odia, ya que al otorgarle ese gran poder, inconscientemente, uno a queda rezagado al papel de víctima, y eso genera vergüenza y desprotección. Es el dolor interno del fracaso de la relación consigo mismo el que nos lleva a la adicción, que es un uróboros que se vuelve una espiral absorbente que engulle toda nuestra voluntad.

El problema es que aunque aparentemente el tema central aquí sea amor, lo que resulta latente en estos casos es la dificultad para establecer una auténtica intimidad. Entendemos intimidad como la capacidad de compartir nuestra propia realidad y recibir la de los otros sin que ninguna de las dos partes juzgue esa realidad o trata de cambiarla. Como el adicto ya parte de la incapacidad de identificarse y aceptarse a sí mismo le resulta difícil establecer relaciones de igual a igual, y tiende a asignar un valor desmesurado a la persona de la que es adicto, al mismo tiempo que se devalúa él mismo y pone todas sus esperanzas de redención en el otro. Lo que más teme es al abandono, pero de igual forma, aunque tal vez inconscientemente, teme a la intimidad, "evitada por el enredo de la exigencia de no sentirse abandonado".

El adicto al amor otorga a sus relaciones el mismo poder supremo que un alcohólico le otorga a la botella o un adicto a la religión le otorga a su dios. Los manipulan para que den la talla de la imagen mental que ellos mismos se han creado (alguien que les cuide, los ame, etc.) e invariablemente se sienten muy decepcionados pues nadie puede satisfacer estos deseos insaciables. Esto va en crescendo hasta que se rompe la relación solo para descubrir que el adicto es incapaz de vivir sin su pareja. Pero hasta qué punto en vez de relacionarse con las personas que son sus parejas se relación más bien con sus propias convicciones.

P. Mellody, insiste en la importancia de la niñez en los adictos al amor: Cuando los niños no reciben suficiente conexión y alimento emocional por parte de un progenitor, experimentan graves dificultades de autoestima. El mensaje es «No me importas porque no tienes ningún valor», en vez de «Eres importante, me importas, y te quiero». La sensación es como si les faltara el aire, como si les cortaran el suministro de oxigeno y estuvieran muriéndose. Los niños acumulan esto dentro de sí mismos y lo expresan años más tarde cuando una experiencia de abandono las hace explotar, en su búsqueda de la relación romántica que ha de rescatarlos. Da igual que la persona con quien estén tenga sus limitaciones, ellos la investirán de manera fantasiosa de un amor tan incondicional como profundo es su vacío. El propósito de esto es comprensible: sentirse por fin completo y feliz ¿Quién se lo puede reprochar? Pero por desgracia, el efecto es siempre el contrario al deseado.

Aquí llegamos a la fantasía del rescatador. Para reflexionar sobre esta nos remitiremos al cuento de La Bella Durmiente del bosque, en el que la protagonista queda dormida y totalmente desconectada de sí misma y de lo que le rodea, hasta... que la despierta el Príncipe, que le infunde vida. Podríamos pensar que el sueño en que queda atrapada la princesa es el de la niña no deseada que fabula con un futuro en el que se sentirá segura y querida y, hasta que esto no llegue, todo su ámbito y mentalidad infantil quedan congeladas. Por lo tanto, no accede al estado adulto desde el cual se le permitiría empezar a establecer relaciones sanas entre iguales, y en cambio se queda aletargada en imágenes que están basadas en la intensidad, la ilusión y las expectativas irreales. Cuando colocamos en nuestras mentes una imagen agradable (que en este caso es la de un príncipe, pero también podría ser la de una mujer supernutriente), podemos estimular una respuesta emocional hacia ella que conduzca a la liberación de endorfinas en nuestro sistema, las cuales nos alivian el dolor emocional y generan euforia. Esta satisfacción inmediata es la que nos mantiene enganchados. El primer paso es, sin duda, aceptar nuestra impotencia ante esta necesidad y reconocer que esta dependencia puede llegar a un punto en que se nos escape de las manos.

Si el cuento siguiera, veríamos como en la dinámica del amor romántico ella sería una adicta al amor, y él, un adicto a la evitación. El príncipe es un cazador y un conquistador, y la princesa está educada para quedarse en casa y hacer sus labores. A ella le echaron un mal de ojo en la infancia, tiene una autoestima herida y busca una consideración positiva e incondicional en el otro. "La tragedia es que los adictos al amor se sienten habitualmente atraídos hacia los adictos a la evitación, que tratan de evitar el compromiso y la intimidad saludable", y quizás estos centren luego su atención en otras adicciones (sexo, trabajo, alcohol,...).

El poder adictivo, que empezó en busca de alivio, se convierte en un poder superior que no podemos abandonar, aunque reconozcamos que nos hace sentir peor. Mientras cuidamos del otro, esperando como recompensa el amor incondicional, descuidamos cosas que nos harían sentir valederos, y finalmente nos quedamos con un tremendo sentimiento de fracaso en nuestras vidas. Así que hay que poner en duda lo de "vivieron felices y comieron perdices..."


Notas:

1)  Mellody, Pia. La adicción al amor. Cómo cambiar su forma de amar para dejar de sufrir. 1997. Ed. Obelisco