7 sept. 2018

Papá

¿Ser mi propio padre?
Cuando somos niñas, se esperaría de nuestras cuidadoras que nos validaran en todas nuestras posibilidades para despertar de adultas la capacidad de validarnos en toda nuestra vulnerabilidad. Pero a veces eso no es posible y capacidades innatas en cada una quedan sin desarrollar, e incluso negadas e escindidas de nuestra personalidad.

Por ejemplo: Yo, Sergi, soy el que nunca va a viajar solo, porque sin duda se perderá o no se sabrá defender por sí mismo. Por lo tanto yo, Sergi, soy el que se supeditará a los sueños de las demás para compensar el no hacerme cargo de los míos.

El hecho que sintamos una resistencia enorme hacia ciertos aspectos posibles (viajar, separarnos, estar solas, fracasar, etc.), nos muestra ciertamente que en nosotras hay un deseo enorme de vivir estas experiencias.

Curiosamente, la vida nos lleva a hacer todas y cada una de las cosas que nos decíamos que seríamos incapaces de llevar a cabo. Los miedos de cada una son el destino de cada una, porque representan las partes escindidas y negadas de la personalidad. Nuestra alma psíquica siente añoranza de aquello que le pertenece, y hará todo lo posible para recuperarlo y llegar a conocerse a sí misma. La vida te lo trae.




Uno de mis sueños de pequeño era ver ballenas, pero sin un papá que me llevará de la mano, porque yo, Sergi, no sé manejarme, ese deseo había quedado olvidado y enterrado debajo de todas las excusas que me doy cada vez que no enfrento aquello que me da miedo.

Si me lo hubiera propuesto como un golpe de efecto o como una demostración a mí mismo no lo hubiera conseguido de lo asustado que estaba. Pero el trabajo de agenciamiento afectivo me ha permitido encarnar estos días a un papá comprensivo, que toma iniciativas, es honesto, asume costes, se equivoca, sabe cuando decir que sí y cuando decir que no, o al menos lo intenta. Además he descubierto que ni se me da tan mal ni resulta algo tan excepcional.

"Wild Wild Country" (M. Way, 2018)
Estuve pensando que en nuestra recuperación solemos ampararnos bajo el ala de un patrón paternal, como seria la imagen del profesional, del Poder Superior, de figuras como Osho, o la persona que hayamos escogido para que nos haga de papá, o sea, "el que me defenderá", que después acaba siendo "el que tengo que defender". Somos capaces de hacer lo que sea para sentirnos protegidas y ser parte de la fuerza y el respeto que infunde este arquetipo. No hay nada más doloroso para alguien que pensar que tiene unos progenitores débiles.

En mi práctica diaria del Solo por Hoy, estoy utilizando la formula "A cada capacidad en mí" en vez del Power greater (Poder superior) al que se invoca en el programa de Alcoholics Anonymous. La idea de Poder tiene atributos patriarcales, señala a una verticalidad, cuando por contra, el Amor, culturalmente nos puede sonar a debilidad. Mientras que al Poder Superior lo podemos encarnar en una imagen poderosa o en una actitud de importancia personal ("porque yo lo valgo"), al desarrollo de una capacidad no se la puede personificar ni nos la podemos apropiar externamente, porque no se refiere a un sujeto o una entidad, sino a un proceso en curso, a una disposición que siempre estuvo ahí y que en cada momento tenemos la posibilidad de actualizar.

Es el desarrollo del amor incondicional in situ, en cada momento, solo por hoy, de eso que siempre ha estado en mí pero escindido, negado o desatendido, lo que me ha llevado, no meramente a hacer lo que jamás pensé que haría y que no deja de ser algo anecdótico, sino a hacerlo amorosamente, asumiendo costes sin pretender buscar compensaciones, instaurando un modo de confianza en mis capacidades que permita vivir en vez de sobrevivir.

© 2018 Sergi Ferré Balagué


Sigue leyendo nuestro libro "La Revolución Afectiva: De la Dependencia Emocional al Agenciamiento Afectivo"

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