30 ene 2020

Crítica al amor romántico

Fragmentos seleccionados del libro "Regreso al Amor" de Marianne Williamson (1992), que suponen una crítica al amor romántico.

El "todavía sin..." del romanticismo
«No hay diferentes clases de amor. No hay una clase de amor entre madre e hijo, otra entre amantes y otra entre amigos. El amor real es el que está en el corazón de todas las relaciones. Ese es el amor (...) el cual no cambia con las formas ni con las circunstancias (...)

Cuando no tenemos ninguna relación de pareja, el ego nos hace creer que si la tuviéramos, todo sufrimiento desaparecería. Y sin embargo, cuando una relación de pareja perdura termina por hacer aflorar a la superficie una gran parte de nuestro dolor existencial (...)

Las relaciones no necesariamente nos libran del dolor. Lo único que nos "libra del dolor" es sanar de aquello que nos lo causa (...) ¿Cuántas veces he tenido que preguntarme si lo que quería era que "él" estuviera en paz o que me llamara? El puro amor hacia otra persona es el restablecimiento de la "línea de comunicación del corazón" (...)

La idea de que hay una persona perfecta, sólo que todavía no ha llegado, es uno de nuestros principales bloqueos (...) Nuestra vulnerabilidad al mito de la persona «adecuada» nace de nuestra glorificación del amor romántico. El ego usa este amor para sus fines «especiales», llevándonos a poner en peligro nuestras relaciones al sobrevalorar su contenido romántico.

La diferencia entre una amistad y un romance se puede ejemplificar con la imagen de una rosa de tallo largo. El tallo es la amistad; la flor es el romance. Como el ego está orientado a lo sensorial, automáticamente prestamos atención a la flor. Pero todos los elementos nutritivos que ésta necesita para vivir le llegan por mediación del tallo. En comparación con la flor, el tallo puede parece deslucido, pero si se lo cortamos, la flor no durará mucho (...)

"Nuestra tarea no es buscar el amor; es buscar todas las barreras que oponemos a su llegada". Pensar que ahí afuera hay alguna persona especial que va a salvarnos es una barrera al puro amor, es una de las grandes armas del arsenal del ego, una manera de que se vale para mantenernos alejados del amor, aunque no quiere que nosotros lo sepamos. Buscamos desesperadamente el amor, pero esa misma desesperación hace que lo destruyamos cuando lo tenemos. Pensar que una persona especial va a salvarnos nos lleva a imponer la carga de una tremenda presión emocional a cualquiera que se presente y que nos parezca adecuado para cumplir los requisitos.

La plegaria más inteligente no es "Dios mío, envíame a alguien maravilloso", sino "Dios mío, ayúdame a darme cuenta de que soy alguien maravilloso". Hace 35 años yo solía rezar para que viniera un hombre maravilloso que me librase de mi desesperación. Finalmente, me pregunté por qué no trataba de resolver ese problema antes de que él apareciera (...) Buscar a la persona "adecuada" no lleva más que a la desesperación, porque no existe. Y no hay persona adecuada porque no hay persona inadecuada. Hay quien quiera que esté frente a nosotros, y las lecciones perfectas que podemos aprender de esa persona.

El problema de no tomarse las relaciones en serio si no parecen "la persona adecuada" es el siguiente: De vez en cuando, esa persona llega (...) pero nosotros no estamos listos. No nos hemos preparado porque estábamos esperando a la persona adecuada (...) Un día nos daremos cuenta de que nada sucede fuera de nuestra mente. La forma en que parece que una persona se nos muestra está íntimamente vinculada con la forma en que nosotros optamos por mostrarnos a ella.

"En cualquier situación, lo único que puede faltar es lo que  tú  no  has  dado" (...) Creemos que queremos entender a la gente para ver si son dignos o no de nuestro amor, pero en realidad, hasta que no los amamos, no podemos entenderlos. Lo que no se ama no se entiende. Nos mantenemos aparte de los demás y esperamos que ellos se ganen nuestro amor, pero las personas merecen nuestro   amor sólo por el hecho de ser como son. Mientras esperemos que sean mejores, nos veremos constantemente decepcionados.»

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21 ene 2020

No hay error, sólo hay realidad

Respuestas de Wolfgang Giegerich a preguntas de Enrique Eskenazi en el 2008 sobre psicología analítica. Con agradecimiento a Enrique por habérnoslas compartido en su curso Reflexiones sobre el alma. He distinguido con cursiva los comentarios que este último hizo en clase.


Mi trabajo como psicólogo comprometido con la psique objetiva consiste en ver el alma tal como opera en los procesos reales, sin tomar en cuenta si son "saludables" o "patológicos", "buenos" o "malos". Sólo puedo preocuparme por cómo son las cosas, no por cómo deberían ser las cosas. Respecto a mis pacientes reales, así como a nuestra historia real –la historia de Occidente–, no puedo darme el lujo de desarrollar mis propias ideas acerca de lo que habría sido correcto o lo que habría sido un desarrollo equivocado.

Aquí la cuestión no se trata de opiniones subjetivas ni de teorías metafísicas sino de pensar lo real. Mi trabajo consiste en intentar decir lo que, en mi interpretación, son las ideas del proceso real. Yo no soy aquél que pretende saberlo todo ni el amo de la historia para decidir qué fue un desarrollo equivocado. No estoy por encima de la historia ni soy un observador que esté fuera de la historia. No soy lo suficientemente pretencioso como para desear corregir la historia.

Estoy de acuerdo con C. G. Jung en que el alma no es nada inofensivo, es una realidad implacable. La tarea del psicólogo me parece que consiste en preservar una diferencia psicológica, que en este contexto significa que describimos desapasionadamente lo que está ocurriendo en un nivel profundo y respecto a ese nivel profundo como si fuera "la vida del alma", sin preocuparnos de poner por delante nuestros intereses humanos y nuestros sentimientos humanos y nuestros juicios humanos. Tanta gente parece ser incapaz de mantener esta diferencia: sus sentimientos subjetivos y humanos determinan su interpretación. Si se sienten amenazados por la tecnología, por ejemplo, entonces opinan que no puede ser una expresión del alma.

Además de estas reacciones más defensivas a las experiencias que amenazan al niño o al sentimiento de una unión natural, muchos junguianos también pretenden que tienen acceso a un submundo o supramundo positivo, sustancial, que afirma la unidad primaria y el profundo deseo del yo de continuidad sin rupturas con el pasado y con la historia. Esta es la solución esotérica que hoy, por ejemplo, se expresa con frecuencia siguiendo las huellas de Henry Corbin. El esoterismo es la teoría o el sentimiento de que hemos perdido las verdades primordiales revelatorias, pero que es posible recuperar el acceso a ellas, por ejemplo "encontrándose con el ángel".

Esta posición decididamente profética que opera con la amenaza de la maldición y que predica el retorno a partir del camino equivocado hacia el camino correcto es incompatible, y de hecho diametralmente opuesto, a aquello que la psicología y la psicoterapia representan, que es el trabajo paciente, dedicado, de destilación sobre la masa confusa, el material confuso, que como dicen los alquimistas fue "considerado vil y arrojado a las calles" (en latín en el original), a fin de devenir capaz de ver el alma en lo real, el oro en el lodo, en lugar de un deseo de abandonar y por lo tanto traicionar lo defectuoso a fin de traer lo correcto.

Respecto a la oposición de estas dos posiciones básicas y del compromiso del psicólogo con el dolor y el tormento del alma, es decir, el limo y el polvo en su fondo, es bueno consultar la respuesta que dio Jung a comentarios críticos a un corresponsal cuando dijo: "camino a través del limo en el fondo del mar, tal como usted adecuadamente ha dicho; este limo, empero, es el alma humana, tal como lo ha sido durante miles de años; siendo un médico, me preocupan las quejas del mundo y sus causas, pero usted en cambio es un gozoso cristiano que está muy lejos del polvo y del limo en el fondo del mar; para mí no hay rechazo de ninguna manera de la locura humana, el gozoso cristiano nos dice cómo las cosas deberían ser, pero tiene mucho cuidado de no tocar las cosas tal como son".

Creo que uno tiene que distinguir las experiencias, los nuevos acontecimientos, que pueden verdaderamente considerarse como la muerte del ego. Por ejemplo, verse confrontado con un sentimiento oceánico del deseo de continuidad sin ruptura como algo que es constitutivo del ego. Esto último es una especie de dogma del ego, una profunda necesidad e inherente en su concepto, no algo con lo que pueda realmente enfrentarse.

Una afirmación acerca de la realidad o una ontología acerca de cómo las cosas son, o un sistema de creencias, esto es arbitrario, pero cuando uno hace uso de un acercamiento metodológico puede entonces empezar a hacer afirmaciones determinadas. El esoterismo opera únicamente en el nivel del contenido semántico, no tiene acceso al nivel de la forma lógica o de la sintaxis. En efecto, el esoterismo sirve al propósito de que uno sea capaz de permanecer en un nivel psicológico ya obsoleto de conciencia y que sirva de compensación de la propia insinceridad adhiriéndose a contenidos esotéricos como sustitutos de la verdad. El reduccionismo consiste en empujar la verdad desde el nivel de la sintaxis al de la semántica, el de los contenidos positivos en los que debiera creerse. En su modo diferente, el fundamentalismo hace exactamente lo mismo. El esoterismo como lo ha definido es la convicción de que hay un conocimiento reservado para unos elegidos que pueden recuperar las antiguas verdades ya perdidas, y como dijo en un email anterior, eso es esencialmente opuesto al propósito de la psicología que es hacerse cargo de lo que hay y no huir hacia lo que debería haber, ni negarlo como falso.

El propósito de la psicología es acoger lo que sea que está pasando tratando de encontrar el alma en ello, acoger cualquier síntoma, personal o colectivo, y encontrar que ese síntoma es expresión anímica, no decretar que no debería estar, no rechazarlo pretendiendo que uno sabe cómo deberían ser las cosas sino ser capaz de afrontar amorosamente lo que sea que se presente. Desde esta perspectiva el esoterismo es opuesto a la psicología, el esoterismo busca la salvación, busca recuperar algo siendo tú especial, y conseguir salirte del mal o de lo equivocado o del error. Pero para el enfoque psicológico, tal como él lo describe, no hay error, sólo hay realidad.

Claro, es un pensador del siglo XXI, tienen que haber pasado muchas cosas para que alguien pueda pensar así, para que alguien pueda ser capaz de darse cuenta de que toda aspiración a lo correcto presupone un juicio de valor, de que toda búsqueda de curar, sanar, mejorar, corregir, salvar, redimir, implica que quien usa estas expresiones está convencido de que conoce lo correcto, ‘lo que debería ser’, y procede con desagrado y rechazo ante lo que hay. Y esto sí que es esencialmente opuesto a la pretensión de encontrar alma en todo lo que se manifiesta.

El esoterismo habla de realidades con un discurso -y eso es la sintaxis-, tiene como temas de los que habla, temas singulares, especiales, pero su lógica, su manera de hablar, no incorpora eso de lo que habla. No sé si me entienden: una cosa es la manera de pensar y otra cosa es en lo que se está pensando. El lenguaje esotérico habla de cosas especiales pero su discurso no muestra de ninguna manera que se haya producido en quien habla un cambio de conciencia. Habla con la misma conciencia cotidiana y en lugar de hablar de sillas, de mantas y de zanahorias, habla de misterios, de dioses y de rituales, pero desde un lugar que es lo mismo que si estuviera hablando de sillas, de mantas y de zanahorias. Quiero decir que el sujeto es el mismo, sólo que habla de otros temas. No hay un cambio en la actitud, no hay un cambio en la forma de pensamiento. Giegerich opina que la psicología como acceso a la dimensión del alma requiere un cambio de lógica, un cambio de lógica respecto a la visión cotidiana, que no se puede hacer psicología, no se puede reconocer el reino de la psique, manteniéndose en un discurso no crítico y cotidiano.

Lo que sigue es en respuesta a lo que yo le comenté de que en una conferencia, Hillman, al ser preguntado por la importancia de la historia en el proceso del alma empezó respondiendo que él era americano y que los americanos prácticamente no tenían historia -la pregunta se la hacían en Italia-, que no le parecía raro que un italiano le hiciera esa pregunta pero que, claro, como americano, era una conciencia nueva y sin historia, y luego comentó que él veía en la historia un depósito de imágenes disponibles a fin de realizar una dimensión anímica. Yo se lo comenté, y la respuesta fue la siguiente: “Me pregunto si es razonable usar el hecho de ser un americano o de cualquier otra nacionalidad, o de ser varón, o de ser mujer, o de ser cualquier cosa, como un argumento y como una posición deliberada. Creo que el verdadero intento debiera ser hablar como un yo, es decir, como una mente universal que apela ante la corte de la razón, aún si bien todos sabemos el hecho de que por supuesto cada uno de nosotros está limitado por su particularidad. Pero desde el comienzo y voluntariamente declararse como partisano y desde ahí pedir una toma de partido, viendo la historia como un almacén de ideas que despierta en la imaginación, es una posición egoica, es consumismo, es la historia considerada como un supermercado o una droga…”

A lo largo del viaje nuestro modo de pensar tiene que ir cambiando, de tal manera que cuando estemos cerca del final del viaje nuestra lógica haya pegado un salto por el cual lo que ahora, partiendo del sentido común, resulta difícil, resulte comprensible. No podemos pretender que "bájamelo a mi nivel y házmelo comprensible", pues "bájamelo a mi nivel" es la actitud del ego que se pasea ante un museo de historias y teorías a ver cuál le sienta mejor. No. De lo que se trata es de que tú te hagas digno de comprender eso, y no que eso se achique para poder ser consumido por ti.

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5 ene 2020

Matar al niño dragón: Sobre la configuración neurótica

Un artículo de Sergi Ferré sobre la destilación de la configuración neurótica y el nacimiento del hombre o mujer a la conciencia de haber nacido como tal.

Un ego que nació sin nacer, que habla de sí mismo mirando hacia otro lado, que no entra en su piel para evitar ser herido, y que además, lo hace por unos principios que ya no importan a nadie, porque quedaron obsoletos y ya solo él recuerda que alguna vez fueron deseables, pero que eso ya pasó y ya no hay reparación posible. Lo que pasó, pasó. La herida fue real y nunca hubo posibilidad de otra cosa. En este reconocimiento, en esta apertura a la tremenda desilusión de que ya no hay nada ahí de lo que se esperaba, está el treceavo paso.

Uno cayó en la negación para sobrevivir de que la verdad no podía ser esta. La neurosis entonces surgió de una mentira piadosa, de algo que no es real pero que conviene escuchar. Pero lo que no es real, no solo es mentira, sino que no cambia la verdad, y la persona lucha contra molinos de viento en honor de un sentido que necesariamente no va ha estar ahí. Ahí no hay nada para él. Solo una noción totalmente imaginaria de un absoluto en términos de "llegar a ser...", "si quiero, puedo", "todo depende de mí", ... que solo muestran el estado neurótico de alguien que se vive como si todavía no hubiera nacido para sí mismo. No tiene ni idea de que sea ser siendo, debido a una profunda negación a encarnarse en el aquí y ahora, que en todo caso se vive como un préstamo y no como una rendición real.

Si mi ego, que son las gafas a través de las cuales se me presenta el mundo que veo, se basa en la negación de sí mismo como participante de LA realidad que no depende de él, pretender crearme OTRA realidad más conveniente no me va a ayudar a romper esa estructura neurótica, sino a permanecer en ella de manera más justificada, o sea, más neurótica aún.

La única manera de "matar" una enfermedad que me posee, implica unos pasos igual de contradictorios que el mundo que me muestra. Requiere encarnar los mismos preceptos locos que postula, para así, haciéndolos conscientes, poder "matarme" con ella.

Eso se muestra en la escena de desenlace de la película "El exorcista", cuando para matar al demonio (incorpóreo, y por lo tanto, imposible de matar), el cura pide vehementemente que entre en él. Así consigue la experiencia directa directa en la conciencia de aquel absoluto que estando afuera era innegable, pero estando dentro, permite su destrucción. Solo entonces el cura consigue matar al demonio dándole forma como su ego neurótico ¿Quién está dispuesto a sostener esto en su vida?

Jamás hubo posibilidad de reparación, de conquista, o de elevación, más que en  una mente infantil que aún no había nacido como hombre. El niño creó el monstruo que ahora el adulto tiene que matar, y para hacerlo, necesariamente debe "traicionar" al niño. Ya no hay contención posible en el adulto actual vivido como un poder superior amoroso que ahora yo pueda "ser" para mí mismo ¿Y quién soy si no el producto de la fantasía a la que ese niño se condenó al no poder sostener emocionalmente la verdad tal como la estaba evaluando? Lo que el niño dragón espera es que viva bajo un régimen opresivo y autoritario, haciendo "como si..." fuera libre. Hay que cortarle la cabeza a ese diablo, porque solo así logrará escapar de su pesadilla autoimpuesta a cambio de nada.

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4 ene 2020

El treceavo paso: Romper la configuración neurótica

Una reflexión de Sergi Ferré sobre la ruptura de la estructura neurótica, tras el paso por los doce pasos de recuperación de adicciones y dependencias afectivas (AA, CoDA, etc...)

No quiero vivir. No quiero morir. Vivir me angustia. Morir me aterra. Estoy atrapado. No pedí esto. Atrapado en el limbo. Solo puedo seguir anestesiándome con fantasía compensatoria. Nunca dejaré de hacerlo, ahora lo sé. Vivo preso de la neurosis. Nunca despertaré. Nunca seré libre.

¿Por qué a pesar de todo no me creo? ¿No debería estar llorando ahora que sé que nada de lo que amo existe? Observo como las palabras no consiguen traspasar mi coraza ¿O es que quizás no estoy aquí donde creo?

Estoy enamorado de un absoluto. Aun fabulo con la idea de llegar a ser alguien importante. Solo despertaré cuando mis sueños inalcanzables se cumplan. Hay que estar muy enfermo para comprar esta mierda.

Nada de lo que piense, diga o sienta, tienen ningún valor. Yo lo sé, el mundo lo sabe, pero aun puedo crear la imagen de un Dios que haga como si no lo supiera. Todo lo que antes estaba ahí arriba, ya ha aterrizado a modo de ventajas para la vida moderna. El cielo está vacío. Ya nada tiene sentido. Nada por lo que valga la pena morir, nada por lo que valga la pena vivir.

¿A quién le importa si me doy un atracón o lucho por mi sueños? Y aunque a alguien le importara, ¿Y qué? Todo está podrido. Envejezco. Soy un niño envejeciendo. Soy un feto envejeciendo. Soy nueva vida envejeciendo. No recuerdo un solo momento de mi vida que quisiera estar vivo ¿Acaso lo he estado alguna vez?

No puedo desear otra cosa que lo que el alma me manda ¿Por qué, maldita, quieres que me vacíe de toda ilusión, de toda esperanza, de toda identificación? Tú no quieres que me ponga un traje ¡Tú quieres que queme el armario! ¿Por qué? ¿Qué puede haber para ti en el vacío absoluto de significado?

Ni me lo puedo imaginar. Igual que de chico me mandabas intentar y no conseguir imaginarme el infinito, ahora me presentas el vacío delante de mí sin ningún tipo de explicación, ni orientación, ni criterio. Nada. Eso es en lo que quieres que me vuelva: Nadie ¿Por qué?

Ni siquiera puedo odiarte, es como odiar el odio. Ni puedo entenderte, es como intentar entender el entendimiento. Haga lo que haga no hay un afuera de lo que quieres que haga. Haga lo que haga, estaré sirviéndote aunque quiera no hacerlo. Solo me queda servirte, conscientemente. Y lo que quieres de mí es desilusión, soledad, mediocridad y superficialidad.

No es la vida que quiero, pero yo no sé lo que es la vida, nunca estuve vivo, así que no tengo ni idea ¿Y quién me dice a mí que este desierto no sea la tierra prometida? Sin ninguna seguridad más que la de que cada vez se hará más evidente en mí la desilusión, la soledad, la mediocridad y la superficialidad. Baco ha muerto. Dios ha muerto. Sergi ha muerto. Larga vida al alma, jodida alma ¡Yo te maldigo!

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3 ene 2020

Romper la estructura neurótica

Resumen de Sergi Ferré de la charla "La adicción como enfermedad metafísica", impartida por Josep Vila en marzo del 2014 en el Col.legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya. Al final del artículo se puede escuchar la intervención completa. En la adicción, el sufrimiento es tan potente que no nos permite pensar la lógica del fenómeno. He aquí una invitación.


Primera parte.

La vida es un ir muriendo, por lo tanto, la muerte es la apertura que posibilita la vida como la vivencia de cualquier posibilidad. El "muriendo" significa vivir. Si no se puede dejar atrás, no se puede vivir. Si uno quiere apartarse del "muriendo", cae en la neurosis, representando en tu mente la obra de teatro del no poder dejar atrás. Pero si se puede vivir, justamente porque se va presentando, la vida lo va dejando atrás. La adicción es la manera en que se está presentando algo que de alguna manera ya pasó, pero que está viniendo continuamente.

La adicción como fenómeno cultural muestra una sociedad que en su conjunto suplica ser drogada. Ahí vemos a los adictos fascinados por una idea de absoluto, del amor como la fusión total, que no tiene parangón en la vida. El adicto está casado con un concepto de pureza que no intercambia por ninguna otra cosa porque es fascinante. Por eso, en la vida del adicto, las personas de su entorno nunca son suficiente. Si fueran suficiente, eso querría decir que el idilio que tiene con ese concepto de absoluto es mentira.

Encerrado en su propia idea de absoluto, busca un subidón por el subidón, pues eso le permite seguir encerrado en sí mismo. La adicción tiene como objetivo la fabricación de la presencia inmediata, de que ese absoluto tenga realidad positiva. Exteriormente, parece que el adicto sea muy emocional, pero todo es una escenificación. Incluso puede dejar de tomar drogas, pero en su vida se va a seguir celebrando ese absoluto que es una cascara vacía. Tanto en la neurosis como en la adicción, se celebra nada, porque no hay nada ahí. El adicto ofrece su vida para que el alma viva esa verdad.

Es lo que más quiere. No quiere curarse. Cuando sufre es un triunfo, porque se celebró el absoluto en su vaciedad, ofreciéndose él mismo como vaciedad, en su cero significado. Ese movimiento del alma que aparece ante sí misma como un otro (el adicto), para regresar a sí misma como lo que verdaderamente es (vaciedad). Es la celebración del absoluto a través del sufrimiento. Pero aquí no hay nada para el adicto. No quiere sufrir, pero no deja de sufrir. Sabe que es un absurdo, pero no puede dejar de hacerlo. Esa es su dedicación, su obra, pues si esto no estuviera en su vida, no habría vida.

Hay toda una manera de entender la adicción como la posibilidad de despertar espiritualmente, pero la adicción no lleva a la trascendencia ni a nada, solo a la ruina. La adicción no puede traer la presencia de lo sagrado fuera, porque ya no lo hay. Solo hay un más allá del aquí, o sea, interioridad. La adicción pensada a fondo contiene una verdad del alma manifestada en un desprecio absoluto por cualquier cosa que sea terrenal. El adicto lo sabe todo pero no ha vivido nada, porque su vida es la negación de cualquier experiencia real. Lo que vale es algo que no está aquí, como ocurre con los movimientos de las cosas que dictan el valor de las cosas concretas.

El adicto niega su nacimiento, niega el estar fuera de, busca estar contenido en algo. Pero la búsqueda del estar contenido en algo, ya implica que uno está fuera de esa contención. Si uno esta dentro no busca estar dentro. Cuando uno busca contención, ya es porque se está afuera, aun queriendo estar dentro. El adicto vive colapsado por este proceso del alma, y en su sufrimiento da lugar a esa cascara vacía del absoluto que ya no está ahí.

La adicción es el fin de lo sagrado expresado como neurosis. Es lo sagrado por lo sagrado, sin que haga referencia a nada sagrado. Buscamos el estimulo por el estimulo, el encuentro por el encuentro, el subidón por el subidón, sin que esto llegue a nada más ¿Hasta que punto hoy las personas somos meros instrumentos los unos para los otros? Cuando alguien ya no nos sirve para nuestros planes, lo dejamos de lado. Mientras el otro sea coherente para lo que estás abierto, entra en tu vida. Pero cuando se presenta como algo "fuera de...", hay que apartarlo.

No conocemos al otro, porque no estamos disponibles para otra cosa que no sea la apertura que tengamos. Nos convertimos en material de usar y tirar. Eso sí, con mucha emocionalidad ("te quiero", "me gustas mucho", ...). Pero el adicto, encerrado en sí mismo, no está disponible para nada. No puede atender a la otra persona como otra persona, sino vista como otra persona según sus planes ¿Entra en mis planes? Está en mi vida ¿No entra en mis planes? No está en mi vida. Cuando para que una persona esté en mi vida, eso exige que yo deba cuestionar mis planes, que yo pueda dar un salto al vacío para plantarme delante de algo que en principio no me va a dar ningún beneficio.

El nacimiento psicológico del hombre, el despertar de la conciencia como conciencia subjetiva, comporta ya el estar fuera de la naturaleza así como de la religión. En lo personal, cuando se vive de manera religiosa ya obsoleta, es imposible que las personas nos podamos poner de acuerdo las unas con las otras.


Segunda parte.

Al asistir a un grupo de doce pasos, el adicto se dará cuenta que hay la posibilidad de asistir, porque el estar abierto a esa posibilidad solo es posible cuando uno la realiza. El adicto necesita primero vivirse en el grupo porque no es posible que él aparezca por su propia concepción. Pero cuando abandona cualquier control sobre su vida, en ese momento puede hacerla funcionar. Esto no quiere decir que sea verdad, pero posibilita a la persona un hacer "como sí..." Segun Hillman: "El alma necesita ficciones que curen".

La persona de repente empieza a identificarse con un "hay algo especial en mí" (Poder Superior). Los demás entonces pasan a ser esa cosa mediocre, terrenal, sin chispa, mientras que ella está por encima de todo, porque ella, en la medida que fue tocado por la adicción, sí es espiritual. Entonces, cualquier problema que se le presente es llevado ahí como la posibilidad de abrirse, amar y darse a los demás. Eso comporta que nunca se podrá despegar de esto, que siempre va a tener problemas aunque deje de consumir, porque es en esos mismos problemas donde está su apertura. Esta manera de enfrentar los problemas como defectos propios, como aspectos a trabajarse, ya manifiesta la importancia de un Yo que nunca va a desaparecer.

El adicto es fundamentalmente egocéntrico en su estructura, sintácticamente, pero en la semántica se da a los demás. La semántica quiere romper el ego para abrirse a otra cosa, pero ¿desde dónde uno se trabaja el ego si no desde un ego más grande? ¿Desde donde el espiritual se puede trabajar a sí mismo si no desde un ego más grande que se cuenta a sí mismo que se está trabajando? Es una manera de no pensar, de mantenerse a salvo, separado, escindido, que es lo que muestra la adicción. Con un espiritual así, no se puede discutir. "Eso es así para mí, y si no es así para ti, es tú problema, ya llegarás". Ahí no hay nada de espiritualidad, sino un intento, desde el estar fuera de la naturaleza, de querer estar contenido. Pero ese tiempo ya pasó.

El adicto, encapsulándose en ese despertar espiritual, puede dejar de consumir. Hace un cambio de plano de la misma cosa: La substancia, que era la celebración del absoluto, pasa a ser vivida como la celebración del absoluto ahora semánticamente manifestada en el poder superior. Hace solo un cambio semántico que no implica cambiar nada en la sintaxis. Su propia estructura de pensamiento, sigue siendo profundamente neurótica. Con lo cual es muy difícil salir de allí, porque salir de allí es morir.

Morir, morir para nacer, le permitiría darse cuenta que uno ya ha nacido, y que la adicción en su vida ha sido un problema gordísimo que no le ha aportado absolutamente nada, solo sufrimiento absurdo. Una vida significativa impide buscar significado. Si hay significado, no hay búsqueda de significado. Y si hay búsqueda de significado, es que no hay significado. Según Wolfgang Giegerich:

«Esta visión hace necesarias para nosotros las siguientes preguntas. ¿Es realmente tan terrible vivir sin un significado superior?¿De verdad bosteza el vacío ante nosotros cuando carecemos de tal significado? Después de todo Homero, Dante, Shakespeare, Goethe, Praxíteles, la Catedral de Chartres, Leonardo da Vinci, Mozart, Platón, Tomas Aquino, Hegel, etc., etc. aún permanecen -riquezas increíbles, inagotables. ¿No son suficientes, y más que suficientes? ¿Y qué hay de la sonrisa de la persona que me adelantó esta mañana por la calle; de los rayos de sol cayendo a través de las hojas en el bosque; de los acontecimientos felices cuando se produce un real encuentro de mentes, de la amistad de un amigo, del amor de la pareja -son acaso todos ellos banales, vacíos, “todo maya comparado con aquella cosa única que es que tu vida sea significativa”, tal como Jung pretendió hacernos creer?» (2004)

El hecho de que no hay más allá se manifiesta a través de un posible más allá, porque en agotar esa búsqueda se pone de manifiesto que no hay un más allá. Entonces, empieza a surgir el más allá del aquí, que es la absoluta interioridad manifestada en la noción de huida.

Siempre tendrá problemas, porque esa es la manera de que nada entre en su vida. A través de la formación de lo problemático, hay una manera de negar la posibilidad de estar fuera de cualquier contención, y, entonces, a través del problema, se celebra el estar aun contenido en esa cosa absoluta (Poder Superior), que no es verdad.

En su vida, puede fantasear con la desilusión, con que está deprimido, pero es una construcción de la depresión en su cuarto oscuro, no es una depresión real, no es una desilusión real. Juega a que se ama, a que se sufre, pero no es verdad. Nada entra ahí. La persona está encapsulada en ella misma y no puede permitirse la muerte a la vida. Cuanto más se viva el sufrimiento como "ser alguien especial que está abierto a una apertura espiritual", más se irá cerrando, con menos gente contará, recluyéndose como el monje en el claustro, pues en esa soledad se conecta con Dios.

El hombre, psicológicamente hablando, ya nació como sujeto, pero estamos aun empíricamente contenidos en la infancia, buscando cosas que nos contengan, que es lo que hace el adicto. Esto ya pasó, justo por eso se presenta en una forma que en su interior anhela ser negada. La adultez es el estar fuera, el haber nacido. Pero ¿quién se responsabiliza hoy en día de eso?

El hecho de que haya Papa y Rey de España, ya muestra la permanencia de lo metafísico. El "Poder Superior" tiene que volverse sobre sí mismo, porque no hay un "Poder Superior" allá afuera. Todo el mundo sabe que no es verdad, pero sigue estando, y esto es análogo al seguir estando en lo absoluto vacío de contenido del adicto. Esa muerte necesita vivirse para que empíricamente cada persona pueda tomar conciencia. El adicto no puede seguir el espíritu del tiempo, y lo congela en la espiritualidad. Es una espiritualidad vacía, y en su proceso de putrefacción alquímica, permite que esa espiritualidad vuelva al espíritu.

Los doce pasos son un documento que ilustran ese proceso: volatilizar la cosa para volver a ser negada sobre sí misma, y aparecer en su negatividad como vida lógica. Esto no se vive en la carne del adicto, pero es lo que anhela la neurosis, volverse sobre sí misma para aceptar que el hombre ya ha nacido y que no está contenido en nada. Esto es una desilusión tremenda, es una pérdida y un golpe durísimo, que resulta tan difícil de aceptar. Pero sin desilusión no hay posibilidad de recuperación.

Estamos en un tiempo en el que la desilusión es terrible. Por eso se busca que no paren de pasar cosas. Siempre pensando en algo que no está, y cuando lo tengo delante le pego una patada y lo lanzo más adelante. En este sentido, la iniciación es desilusión absoluta, que es lo que permite la recuperación al destruir la estructura neurótica.

El adicto deja de consumir en los Doce Pasos, pero para romper la estructura neurótica, tiene que negar la propia terapia de los Doce Pasos y aceptar la desilusión. Mientras viva siendo aquel que se conecta con un Poder Superior, no hay desilusión. La desilusión es fingida, es vivida y actuada,. Entonces la pulsión le va a salir por otra parte, porque estamos hablando de conceptos. La verdad de ese concepto mismo se revela ante su no-aceptación-de-su-verdad, y entonces obliga a la pulsión, a la compulsión, a la obsesión, para llevarse su trofeo y triunfar.

Si encima esto es explicado como un despertar espiritual, esto se convierte en un círculo cerrado donde no se puede entrar, porque es algo redondo, abonado para el sufrimiento eterno y a la celebración del absoluto, o sea, una neurosis en toda regla. Una verdad que no se reconoce a sí misma, y que se vive, a sí misma, en un tiempo, en donde estuvo pero ya no está, y no acepta el movimiento lógico-contradictorio a donde lo lleva.

Para romper la estructura neurótica tiene que haber la posibilidad de poder pensar, que no depende de la voluntad de la persona, sino de "la posibilidad de estar abierto a...". Esto es un mazazo y una desilusión tremenda, todo lo contrario de lo que uno cree. Es caída sin límites, sin condiciones. Ahí, donde uno se da cuenta que todo está podrido, empieza a surgir otra cosa que no es como uno se la imaginaba. Lo animales al nacer están expuestos desde el primer momento, y el hombre también porque ya no está contenido en nada ¿Qué posibilidad hay de tomar conciencia de esto y cómo se va a ir viviendo en cada persona empírica? 

Cuando el estar "abierto para..." es una desilusión total, eso posibilita la encarnación. Estamos en un tiempo histórico en el que todo ya aterrizó, en el que toda espiritualidad ya se encarnó. El mundo espiritual está vaciado aquí abajo. Ahora es materia lógica, como la tecnología, que cambió para siempre el mundo natural.

Hay una posibilidad de romper la estructura neurótica, pero primero tiene que poder vivirse profundamente, tiene que poder ser, siendo esa verdad que se contradice a sí misma. Todo lo que no sea eso, es tratar a la persona como un enfermo sin remedio. La idea de esta reflexión es abrir caminos, no dogmatizar, sino abrir posibilidades para que a quien le interese pueda caminar por él.


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