17 feb 2021

El autoengaño en la dependencia emocional

¿Por qué justifico y alimento relaciones que me generan sufrimiento? ¿Por qué sigo esperando que lo que me condena, me salve?

Para reflexionar sobre el autoengaño, nos basaremos en esta imagen que retrata una situación de confesión: La mujer de la izquierda se muestra como una persona sabia, rígida, apoyada en un libro donde tiene escrito cómo deberían ser las cosas. La otra, con actitud humilde, se quita el sombrero y se prostra de rodillas.  La primera representa valores preestablecidos, y la segunda, es quien tiene que rendir cuentas por ellos. 

La mujer de la izquierda representa los ideales (ser buena o mala, amada o abandonada, dependiente o independiente, etc.) con los que la otra es juzgada. La primera no tiene miedo pues se siente segura de sí misma, pero es solo porque tiene los ojos cerrados y no está observando la realidad directamente. Se encierra su convicción de que lo que siente es LA verdad. En cambio, la otra está con los ojos abiertos, avergonzada por no encajar con las expectativas. Resumiendo: Para ser feliz hay que cerrar los ojos y reforzar mis creencias, porque si los abro y me entrego a la realidad, será terrible.

Esta imagen nos presenta dos bandos irreconciliables, que al mismo tiempo se retroalimentan, pues uno no podría ser sin el otro. Son las dos caras de la misma moneda, que plantean el tema de que la vida es un juicio constante. Mirando a través de estas gafas, una se pregunta ¿soy buena, válida, merecedora? ¿Merezco ser amada, perdonada, salvada? ¿Me estoy esforzando lo bastante?  ¿Soy culpable de que me me sienta como me siento y de que las cosas no vayan como deben ir?

Pero hay una satisfacción en todo esto: Una puede aspirar a ser redimida, llegar a ser pura y alcanzar la gloria. La cual cosa proyecta una sombra terrible: Ser constantemente condenada, indigna y hundida en la miseria. Eso hace que la persona se perciba dividida, como si hubiera dos realidades:  La divina, que solo existe si cierra los ojos, y la mundana, que vive atormentada al ver las cosas como son.

Es ahí donde con una terapia adecuada, se puede intercambiar el sentido de la confesión, y que la mujer que ostentaba el saber absoluto le admita a la otra que eso es mentira, que no existe un cielo como compensación del infierno en el que vive. La pregunta entonces será ¿Estará la segunda dispuesta a escuchar y permitir el derrumbe de esa farsa a la que posiblemente le había dedicado toda su vida?  En ese momento dejan de ser dos, y la persona deja de vivirse dividida, atormentada, diferente al resto.

Acabo de retratar un proceso doloroso que se da en el tratamiento de casos de neurosis, dependencia emocional o adicciones. No es que la persona se autoengañe, sino que vive sometida a unas ideas engañosas que no puede ni creerse ella misma. La persona hace todo lo que puede, pero mientras no revise esas creencias que se presentan como la verdad absoluta, no tendrá paz.  La terapia se hace a las ideas, no a la persona.

Sergi Ferré + info AQUÍ
Terapeuta

Terapia + AQUÍ

Grupo + AQUÍ 

Cursos + AQUÍ

GAEDE atiende vía online en todo el mundo, y presencialmente en Amposta y Barcelona. Contacto: gaede@gaede.cat

2 comentarios:

  1. Me identifico totalmente con lo que dices, me pasa estos días en el trabajo: quiero ser ejemplo de buen profesional, demostrar que puedo con todo, vivirlo con vocación y entusiasmo, nada más eso ya tendría que hacer que todo fuera bien, pero es una idea que me genera sufrimiento, que me hace sentir fracasado, es un ideal que me aleja de la realidad, y me provoca dolor.

    ResponderEliminar
  2. Buen artículo! Es como en Matrix.. Ojalá pudiéramos vivir engañados, pero ya nos tomamos la pastilla roja ;)

    ResponderEliminar