18 ago. 2018

La voz de la enfermedad

Sintomatología
La codependencia es un estado de infelicidad e inmadurez emocional debido a no haber interiorizado adecuadamente patrones afectivos seguros. 

Sus síntomas habituales son: 

1. Baja autoestima.
2. No poder establecer límites funcionales.
3. No poder aceptar la realidad (quién soy).
4. No poder encarar las necesidades de adulto.
5. No poder sentir con moderación.


Tenemos que tener muy claro la diferencia psicológica, que distingue entre yo y lo que acontece en mí, o sea entre la persona (o personaje) y el alma psíquica de la que la primera surge.

A continuación introduciré el tema con un fragmento del libro La revolución afectiva: De la Dependencia Emocional al Agenciamiento Afectivo, donde se señala esta diferencia cuando la psique se expresa de manera patológica:

«La voz de la enfermedad se identifica justamente porque no es humana. Una voz humana es la que acepta su humanidad, o sea sus límites, la que es consciente que a pesar de que sabe más que ayer, sabe menos que mañana, un mañana tan infinito en comparación a ella misma, que cómo dice la voz del sabio: "tan solo sé que no sé nada". Además, sabe que su saber siempre será parcial, limitado, finito, imperfecto, y por lo tanto, acontece humilde, generosa, compasiva y tolerante.

En cambio, la voz de la enfermedad es todo el contrario, se identifica con un tono prepotente: "yo soy la que soy", dice. Es inflexible y no reconoce sus límites, por eso busca obsesivamente reafirmarse en sí misma. Maneja mucha información, mucha aparente legitimidad, mucho victimismo, porque necesita justificarse constantemente. Se expresa con un tono imperativo que desacredita los recursos de la persona para cuestionarla: "¡Haz lo que te digo! ¡Ya!", "Yo tengo toda la razón y las otras no tienen ni idea!", "¿No ves que te están tomando el pelo? ¿Qué seria de ti sin mí?", etc.





La enfermedad se alimenta de la autoestima de la persona forzándola a obedecerla para evitar su autocrítica destructiva, sin darse cuenta quién la sufre que de este modo la está alimentando más y más. Es incuestionable, siempre tiene razón, siempre tiene una justificación, siempre es sale con la suya, siempre!, porque su objetivo es sobrevivir a toda costa. Condena a la persona en un mundo cada vez más pequeño y más aislado, porque es la reacción a un bloqueo, a una rigidez, que esconde la auténtica herida que pretende cubrir con sus estrategias.

Es así como engaña a la persona haciéndole creer que la solución a su herida interior está en la reivindicación exterior, y no, justamente, en la atención a su herida interior. La única manera de combatirla es con el contacto 0, o sea, con el desarrollo de la capacidad de tolerar la frustración, que es la única manera de salir del círculo de satisfacción inmediata en el que atrapa a la persona.»

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