1 oct. 2019

Primer paso: Rendición del ego. Aceptar la impotencia.

Un artículo de Sergi Ferré sobre el desarrollo lógico del primer paso en el programa de recuperación de doce para dependencia emocional, adicciones afectivas y otras, en GAEDE.

El primer paso nos lleva directamente al último. De alguna manera, lo que esperamos encontrar al final ha de estar ya enteramente al principio ¿Cómo si no vamos a descubrir algo que por definición ya está en nosotras? Me refiero a la aceptación incondicional de la vida por sí misma, con todas sus contradicciones, con toda su extrañeza, con toda su aspereza. Para que esto sea así debo renunciar enteramente a "lo que debería ser", para abrazar con toda humildad a "lo que es".

La formulación es: "Admitíamos que éramos impotentes ante los demás y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables". En la primera parte de esta formula, se señala que la impotencia no se refiere precisamente a vivir. Pues ¡vivir, vivimos! Posiblemente sea lo único que se haga: Sobrevivir. Sobrevivir por encima de todo. Y no me refiero a cuidar del cuerpo, sino a sobrevivir a una idea de la vida, a la que entregamos la vida misma, y que asumimos sin cuestionar. El problema es que no sé porqué sobrevivo, solo sé que tengo que "aguantar", pero no hay un sentido disponible que vuelva "lógica" esta vida por sí misma.

Trabajo de grupo sobre codependencia
Aquí nos encontramos con un problema del alma, y no me refiero al alma religiosa, ni metafísica, ni a algo que me haga sentir más o menos especial. Me refiero al alma psicológica, como un proceso, como la lógica, solo accesible al pensamiento, en la que se basa el mundo en el que vivo, lo sepa yo o no. Lo que siento es real, aunque mi sentir no esté determinado por una causa física. La impotencia que experimento es real, y si la impotencia es real y no es física, esto significa que el alma puede ser causa y no sólo efecto.

El miedo a no sobrevivir nos lleva a buscar recrear esa imagen del "querer es poder", esa representación de "lo que debería ser". Lo que pasa es que ese deseo es más inconsciente de lo que imaginas. Escapa de tu control, y se presenta de manera en que no se pueda tocar, no se pueda cuestionar, en el sentido de esto es así y no puede ser de otra manera. Reconocer la impotencia en este caso, es la única cura contra la impotencia. Porque donde no hay ningún problema, tampoco hay ninguna solución.




Primera pregunta: ¿Por qué me atormenta tanto aceptar las cosas como son? ¿Por qué tanto miedo a dejarme enseñar por la realidad? (Puedes dejar tus respuestas de manera anónima en los comentarios)



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