5 ene. 2020

Matar al niño dragón: Sobre la configuración neurótica

Un artículo de Sergi Ferré sobre la destrucción de la configuración neurótica y el nacimiento del hombre o mujer a la conciencia de haber nacido como tal.

Un ego que nació sin nacer, que habla de sí mismo mirando hacia otro lado, que no entra en su piel para evitar ser herido, y que además, lo hace por unos principios que ya no importan a nadie, porque quedaron obsoletos y ya solo él recuerda que alguna vez fueron deseables, pero que eso ya pasó y ya no hay reparación posible. Lo que pasó, pasó. La herida fue real y nunca hubo posibilidad de otra cosa. En este reconocimiento, en esta apertura a la tremenda desilusión de que ya no hay nada ahí de lo que se esperaba, está el treceavo paso.

Uno cayó en la negación para sobrevivir de que la verdad no podía ser esta. La neurosis entonces surgió de una mentira piadosa, de algo que no es real pero que conviene escuchar. Pero lo que no es real, no solo es mentira, sino que no cambia la verdad, y la persona lucha contra molinos de viento en honor de un sentido que necesariamente no va ha estar ahí. Ahí no hay nada para él. Solo una noción totalmente imaginaria de un absoluto en términos de "llegar a ser...", "si quiero, puedo", "todo depende de mí", ... que solo muestran el estado neurótico de alguien que se vive como si todavía no hubiera nacido para sí mismo. No tiene ni idea de que sea ser siendo, debido a una profunda negación a encarnarse en el aquí y ahora, que en todo caso se vive como un préstamo y no como una rendición real.

Si mi ego, que son las gafas a través de las cuales se me presenta el mundo que veo, se basa en la negación de sí mismo como participante de LA realidad que no depende de él, pretender crearme OTRA realidad más conveniente no me va a ayudar a romper esa estructura neurótica, sino a permanecer en ella de manera más justificada, o sea, más neurótica aún.

La única manera de "matar" una enfermedad que me posee, implica unos pasos igual de contradictorios que el mundo que me muestra. Requiere encarnar los mismos preceptos locos que postula, para así, haciéndolos conscientes, poder "matarme" con ella.

Eso se muestra en la escena de desenlace de la película "El exorcista", cuando para matar al demonio (incorpóreo, y por lo tanto, imposible de matar), el cura pide vehementemente que entre en él. Así consigue la experiencia directa directa en la conciencia de aquel absoluto que estando afuera era innegable, pero estando dentro, permite su destrucción. Solo entonces el cura consigue matar al demonio dándole forma como su ego neurótico ¿Quién está dispuesto a sostener esto en su vida?

Jamás hubo posibilidad de reparación, de conquista, o de elevación, más que en  una mente infantil que aún no había nacido como hombre. El niño creó el monstruo que ahora el adulto tiene que matar, y para hacerlo, necesariamente debe "traicionar" al niño. Ya no hay contención posible en el adulto actual vivido como un poder superior amoroso que ahora yo pueda "ser" para mí mismo ¿Y quién soy si no el producto de la fantasía a la que ese niño se condenó al no poder sostener emocionalmente la verdad tal como la estaba evaluando? Lo que el niño dragón espera es que viva bajo un régimen opresivo y autoritario, haciendo "como si..." fuera libre. Hay que cortarle la cabeza a ese diablo, porque solo así logrará escapar de su pesadilla autoimpuesta a cambio de nada.

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