3 ene. 2020

Romper la estructura neurótica

Resumen de Sergi Ferré de la charla "La adicción como enfermedad metafísica", impartida por Josep Vila en marzo del 2014 en el Col.legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya. Al final del artículo se puede escuchar la intervención completa. En la adicción, el sufrimiento es tan potente que no nos permite pensar la lógica del fenómeno. He aquí una invitación.


Primera parte.

La vida es un ir muriendo, por lo tanto, la muerte es la apertura que posibilita la vida como la vivencia de cualquier posibilidad. El "muriendo" significa vivir. Si no se puede dejar atrás, no se puede vivir. Si uno quiere apartarse del "muriendo", cae en la neurosis, representando en tu mente la obra de teatro del no poder dejar atrás. Pero si se puede vivir, justamente porque se va presentando, la vida lo va dejando atrás. La adicción es la manera en que se está presentando algo que de alguna manera ya pasó, pero que está viniendo continuamente.

La adicción como fenómeno cultural muestra una sociedad que en su conjunto suplica ser drogada. Ahí vemos a los adictos fascinados por una idea de absoluto, del amor como la fusión total, que no tiene parangón en la vida. El adicto está casado con un concepto de pureza que no intercambia por ninguna otra cosa porque es fascinante. Por eso, en la vida del adicto, las personas de su entorno nunca son suficiente. Si fueran suficiente, eso querría decir que el idilio que tiene con ese concepto de absoluto es mentira.

Encerrado en su propia idea de absoluto, busca un subidón por el subidón, pues eso le permite seguir encerrado en sí mismo. La adicción tiene como objetivo la fabricación de la presencia inmediata, de que ese absoluto tenga realidad positiva. Exteriormente, parece que el adicto sea muy emocional, pero todo es una escenificación. Incluso puede dejar de tomar drogas, pero en su vida se va a seguir celebrando ese absoluto que es una cascara vacía. Tanto en la neurosis como en la adicción, se celebra nada, porque no hay nada ahí. El adicto ofrece su vida para que el alma viva esa verdad.

Es lo que más quiere. No quiere curarse. Cuando sufre es un triunfo, porque se celebró el absoluto en su vaciedad, ofreciéndose él mismo como vaciedad, en su cero significado. Ese movimiento del alma que aparece ante sí misma como un otro (el adicto), para regresar a sí misma como lo que verdaderamente es (vaciedad). Es la celebración del absoluto a través del sufrimiento. Pero aquí no hay nada para el adicto. No quiere sufrir, pero no deja de sufrir. Sabe que es un absurdo, pero no puede dejar de hacerlo. Esa es su dedicación, su obra, pues si esto no estuviera en su vida, no habría vida.

Hay toda una manera de entender la adicción como la posibilidad de despertar espiritualmente, pero la adicción no lleva a la trascendencia ni a nada, solo a la ruina. La adicción no puede traer la presencia de lo sagrado fuera, porque ya no lo hay. Solo hay un más allá del aquí, o sea, interioridad. La adicción pensada a fondo contiene una verdad del alma manifestada en un desprecio absoluto por cualquier cosa que sea terrenal. El adicto lo sabe todo pero no ha vivido nada, porque su vida es la negación de cualquier experiencia real. Lo que vale es algo que no está aquí, como ocurre con los movimientos de las cosas que dictan el valor de las cosas concretas.

El adicto niega su nacimiento, niega el estar fuera de, busca estar contenido en algo. Pero la búsqueda del estar contenido en algo, ya implica que uno está fuera de esa contención. Si uno esta dentro no busca estar dentro. Cuando uno busca contención, ya es porque se está afuera, aun queriendo estar dentro. El adicto vive colapsado por este proceso del alma, y en su sufrimiento da lugar a esa cascara vacía del absoluto que ya no está ahí.

La adicción es el fin de lo sagrado expresado como neurosis. Es lo sagrado por lo sagrado, sin que haga referencia a nada sagrado. Buscamos el estimulo por el estimulo, el encuentro por el encuentro, el subidón por el subidón, sin que esto llegue a nada más ¿Hasta que punto hoy las personas somos meros instrumentos los unos para los otros? Cuando alguien ya no nos sirve para nuestros planes, lo dejamos de lado. Mientras el otro sea coherente para lo que estás abierto, entra en tu vida. Pero cuando se presenta como algo "fuera de...", hay que apartarlo.

No conocemos al otro, porque no estamos disponibles para otra cosa que no sea la apertura que tengamos. Nos convertimos en material de usar y tirar. Eso sí, con mucha emocionalidad ("te quiero", "me gustas mucho", ...). Pero el adicto, encerrado en sí mismo, no está disponible para nada. No puede atender a la otra persona como otra persona, sino vista como otra persona según sus planes ¿Entra en mis planes? Está en mi vida ¿No entra en mis planes? No está en mi vida. Cuando para que una persona esté en mi vida, eso exige que yo deba cuestionar mis planes, que yo pueda dar un salto al vacío para plantarme delante de algo que en principio no me va a dar ningún beneficio.

El nacimiento psicológico del hombre, el despertar de la conciencia como conciencia subjetiva, comporta ya el estar fuera de la naturaleza así como de la religión. En lo personal, cuando se vive de manera religiosa ya obsoleta, es imposible que las personas nos podamos poner de acuerdo las unas con las otras.


Segunda parte.

Al asistir a un grupo de doce pasos, el adicto se dará cuenta que hay la posibilidad de asistir, porque el estar abierto a esa posibilidad solo es posible cuando uno la realiza. El adicto necesita primero vivirse en el grupo porque no es posible que él aparezca por su propia concepción. Pero cuando abandona cualquier control sobre su vida, en ese momento puede hacerla funcionar. Esto no quiere decir que sea verdad, pero posibilita a la persona un hacer "como sí..." Segun Hillman: "El alma necesita ficciones que curen".

La persona de repente empieza a identificarse con un "hay algo especial en mí" (Poder Superior). Los demás entonces pasan a ser esa cosa mediocre, terrenal, sin chispa, mientras que ella está por encima de todo, porque ella, en la medida que fue tocado por la adicción, sí es espiritual. Entonces, cualquier problema que se le presente es llevado ahí como la posibilidad de abrirse, amar y darse a los demás. Eso comporta que nunca se podrá despegar de esto, que siempre va a tener problemas aunque deje de consumir, porque es en esos mismos problemas donde está su apertura. Esta manera de enfrentar los problemas como defectos propios, como aspectos a trabajarse, ya manifiesta la importancia de un Yo que nunca va a desaparecer.

El adicto es fundamentalmente egocéntrico en su estructura, sintácticamente, pero en la semántica se da a los demás. La semántica quiere romper el ego para abrirse a otra cosa, pero ¿desde dónde uno se trabaja el ego si no desde un ego más grande? ¿Desde donde el espiritual se puede trabajar a sí mismo si no desde un ego más grande que se cuenta a sí mismo que se está trabajando? Es una manera de no pensar, de mantenerse a salvo, separado, escindido, que es lo que muestra la adicción. Con un espiritual así, no se puede discutir. "Eso es así para mí, y si no es así para ti, es tú problema, ya llegarás". Ahí no hay nada de espiritualidad, sino un intento, desde el estar fuera de la naturaleza, de querer estar contenido. Pero ese tiempo ya pasó.

El adicto, encapsulándose en ese despertar espiritual, puede dejar de consumir. Hace un cambio de plano de la misma cosa: La substancia, que era la celebración del absoluto, pasa a ser vivida como la celebración del absoluto ahora semánticamente manifestada en el poder superior. Hace solo un cambio semántico que no implica cambiar nada en la sintaxis. Su propia estructura de pensamiento, sigue siendo profundamente neurótica. Con lo cual es muy difícil salir de allí, porque salir de allí es morir.

Morir, morir para nacer, le permitiría darse cuenta que uno ya ha nacido, y que la adicción en su vida ha sido un problema gordísimo que no le ha aportado absolutamente nada, solo sufrimiento absurdo. Una vida significativa impide buscar significado. Si hay significado, no hay búsqueda de significado. Y si hay búsqueda de significado, es que no hay significado. Según Wolfgang Giegerich:

«Esta visión hace necesarias para nosotros las siguientes preguntas. ¿Es realmente tan terrible vivir sin un significado superior?¿De verdad bosteza el vacío ante nosotros cuando carecemos de tal significado? Después de todo Homero, Dante, Shakespeare, Goethe, Praxíteles, la Catedral de Chartres, Leonardo da Vinci, Mozart, Platón, Tomas Aquino, Hegel, etc., etc. aún permanecen -riquezas increíbles, inagotables. ¿No son suficientes, y más que suficientes? ¿Y qué hay de la sonrisa de la persona que me adelantó esta mañana por la calle; de los rayos de sol cayendo a través de las hojas en el bosque; de los acontecimientos felices cuando se produce un real encuentro de mentes, de la amistad de un amigo, del amor de la pareja -son acaso todos ellos banales, vacíos, “todo maya comparado con aquella cosa única que es que tu vida sea significativa”, tal como Jung pretendió hacernos creer?» (2004)

El hecho de que no hay más allá se manifiesta a través de un posible más allá, porque en agotar esa búsqueda se pone de manifiesto que no hay un más allá. Entonces, empieza a surgir el más allá del aquí, que es la absoluta interioridad manifestada en la noción de huida.

Siempre tendrá problemas, porque esa es la manera de que nada entre en su vida. A través de la formación de lo problemático, hay una manera de negar la posibilidad de estar fuera de cualquier contención, y, entonces, a través del problema, se celebra el estar aun contenido en esa cosa absoluta (Poder Superior), que no es verdad.

En su vida, puede fantasear con la desilusión, con que está deprimido, pero es una construcción de la depresión en su cuarto oscuro, no es una depresión real, no es una desilusión real. Juega a que se ama, a que se sufre, pero no es verdad. Nada entra ahí. La persona está encapsulada en ella misma y no puede permitirse la muerte a la vida. Cuanto más se viva el sufrimiento como "ser alguien especial que está abierto a una apertura espiritual", más se irá cerrando, con menos gente contará, recluyéndose como el monje en el claustro, pues en esa soledad se conecta con Dios.

El hombre, psicológicamente hablando, ya nació como sujeto, pero estamos aun empíricamente contenidos en la infancia, buscando cosas que nos contengan, que es lo que hace el adicto. Esto ya pasó, justo por eso se presenta en una forma que en su interior anhela ser negada. La adultez es el estar fuera, el haber nacido. Pero ¿quién se responsabiliza hoy en día de eso?

El hecho de que haya Papa y Rey de España, ya muestra la permanencia de lo metafísico. El "Poder Superior" tiene que volverse sobre sí mismo, porque no hay un "Poder Superior" allá afuera. Todo el mundo sabe que no es verdad, pero sigue estando, y esto es análogo al seguir estando en lo absoluto vacío de contenido del adicto. Esa muerte necesita vivirse para que empíricamente cada persona pueda tomar conciencia. El adicto no puede seguir el espíritu del tiempo, y lo congela en la espiritualidad. Es una espiritualidad vacía, y en su proceso de putrefacción alquímica, permite que esa espiritualidad vuelva al espíritu.

Los doce pasos son un documento que ilustran ese proceso: volatilizar la cosa para volver a ser negada sobre sí misma, y aparecer en su negatividad como vida lógica. Esto no se vive en la carne del adicto, pero es lo que anhela la neurosis, volverse sobre sí misma para aceptar que el hombre ya ha nacido y que no está contenido en nada. Esto es una desilusión tremenda, es una pérdida y un golpe durísimo, que resulta tan difícil de aceptar. Pero sin desilusión no hay posibilidad de recuperación.

Estamos en un tiempo en el que la desilusión es terrible. Por eso se busca que no paren de pasar cosas. Siempre pensando en algo que no está, y cuando lo tengo delante le pego una patada y lo lanzo más adelante. En este sentido, la iniciación es desilusión absoluta, que es lo que permite la recuperación al destruir la estructura neurótica.

El adicto deja de consumir en los Doce Pasos, pero para romper la estructura neurótica, tiene que negar la propia terapia de los Doce Pasos y aceptar la desilusión. Mientras viva siendo aquel que se conecta con un Poder Superior, no hay desilusión. La desilusión es fingida, es vivida y actuada,. Entonces la pulsión le va a salir por otra parte, porque estamos hablando de conceptos. La verdad de ese concepto mismo se revela ante su no-aceptación-de-su-verdad, y entonces obliga a la pulsión, a la compulsión, a la obsesión, para llevarse su trofeo y triunfar.

Si encima esto es explicado como un despertar espiritual, esto se convierte en un círculo cerrado donde no se puede entrar, porque es algo redondo, abonado para el sufrimiento eterno y a la celebración del absoluto, o sea, una neurosis en toda regla. Una verdad que no se reconoce a sí misma, y que se vive, a sí misma, en un tiempo, en donde estuvo pero ya no está, y no acepta el movimiento lógico-contradictorio a donde lo lleva.

Para romper la estructura neurótica tiene que haber la posibilidad de poder pensar, que no depende de la voluntad de la persona, sino de "la posibilidad de estar abierto a...". Esto es un mazazo y una desilusión tremenda, todo lo contrario de lo que uno cree. Es caída sin límites, sin condiciones. Ahí, donde uno se da cuenta que todo está podrido, empieza a surgir otra cosa que no es como uno se la imaginaba. Lo animales al nacer están expuestos desde el primer momento, y el hombre también porque ya no está contenido en nada ¿Qué posibilidad hay de tomar conciencia de esto y cómo se va a ir viviendo en cada persona empírica? 

Cuando el estar "abierto para..." es una desilusión total, eso posibilita la encarnación. Estamos en un tiempo histórico en el que todo ya aterrizó, en el que toda espiritualidad ya se encarnó. El mundo espiritual está vaciado aquí abajo. Ahora es materia lógica, como la tecnología, que cambió para siempre el mundo natural.

Hay una posibilidad de romper la estructura neurótica, pero primero tiene que poder vivirse profundamente, tiene que poder ser, siendo esa verdad que se contradice a sí misma. Todo lo que no sea eso, es tratar a la persona como un enfermo sin remedio. La idea de esta reflexión es abrir caminos, no dogmatizar, sino abrir posibilidades para que a quien le interese pueda caminar por él.


Artículos mencionados en la charla:

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